Doble Dirección

José Rivero


Paralelos

24/03/2021

El 19 de octubre de 2015, Jordi Évole reunió en su programa de televisión Salvados a los dos protagonistas políticos del momento: Pablo Iglesias y Albert Rivera, líderes en el firmamento y líderes de las formaciones emergentes y novedosas, Podemos y Ciudadanos. Formaciones que eran vistas, entonces, como alternativas a las otras más viejas, más acartonadas y rígidas de sus respectivos continentes políticos precedentes. Formaciones que querían contraponerse a las trayectorias amodorradas del PSOE y del PP, y de aquí el interés del encuentro, en el que el mismo Iglesias le espetó a Rivera. «Como esto siga así, nos presentamos juntos a las elecciones». Un imposible ontológico hoy tras las acusaciones mutuas de rigor cruzadas, pero que fue formulado como cierto refresco y como rejuvenecimiento de la vieja política. Desde entonces, las vicisitudes de Podemos y Ciudadanos han tenido unas trayectorias diversificadas, con diversos altibajos y crisis, pero coincidentes en su acentuado declive actual. Como si la apuesta de 2015 sólo hubiera sido un órdago que pierde sentido al compás del paso del tiempo y de la partida.
Si ambas formaciones políticas tuvieron su respectivo momento de gloria -elecciones catalanas de 2017 ganadas por Ciudadanos, y participación en el gobierno de coalición de enero de 2020 en la formación morada-, podemos decir que el presente de marzo de 2021 vuelve a remitir a las formaciones estrellas de 2015, en formaciones estrelladas en la actualidad. Ciudadanos al borde la insignificancia política, con crisis abiertas en varios territorios y con pérdida de visibilidad gubernamental en Murcia y Madrid; junto a una presidencia de Inés Arrimadas, altamente cuestionada. En Podemos, tras la deserción de Errejón en 2019 -que daría lugar a Más Madrid primero y a Más País después- se precipitaría en 2020 con el abandono de la formación andaluza con Teresa Rodríguez al frente, para rematar ahora con la renuncia de Iglesias a la Vicepresidencia segunda del Gobierno. Renuncia que no encubre más que un gesto desesperado por la supervivencia política de la formación, tras los malos resultados de elecciones como las gallegas y vascas. El temor a la ausencia de Podemos en la Asamblea de Madrid ha determinado al viaje de Iglesias de la Moncloa a Sol. Sin saber si ese viaje -que se augura difícil y lleno de sobresaltos- pueda encerrar otras claves.
En todo caso el excesivo personalismo de las formaciones sostenidas como sabia nueva en 2015, acaba pasando facturas de difícil pago como la sobrevivir a los fundadores. Y demostrando, de rondón, cómo lo que se anunció como nuevo decae y comienza a parecerse a aquello que se denunciaba.