Doble Dirección

José Rivero


Cuestas y precipicios

13/01/2021

Es un lugar común, o al menos lo ha venido siendo hasta ahora en años normales– pero ¿qué son los años normales, y cómo distinguirlos de los que no lo son? – hablar del mes de enero –primero de los que desfila en la apertura anual del año inaugurado– y de su consecuente y correspondiente Cuesta de Enero. Así llamada para ejemplificar las dificultades de toda índoles –pero sobre todo económicas, tras los excesos de los gastos de las pasadas fiestas navideñas– que llevan aparejadas los primeros días de un año que se presiente en empinada y que por ello hay que remontar.

Un año tan desconocido en su trazada como son las caras mismas del dios tutelar Jano, que da cobertura argumental al mes que separa lo ido con lo venidero. Un Jano bifronte con la doble mirada a ambos lados: hacia el pasado y hacia el futuro. Por ello, a Jano o al Ianus latino –de donde se llegará a Ianarius, a Janeiro y a Janero– se le reconoce como el dios de los comienzos, de los umbrales, de los portales y de las transiciones. Que, además, se le reconoce también como un dios cultural, inventor del dinero, de la navegación y de la agricultura. Y padre de Fontus, dios de fuentes, pozos y cascadas.

Si veníamos tocados, y mucho, por las secuelas de la larga pandemia de 2020 –a pesar de la llegada de las vacunas del Covid–, hemos inaugurado el 2021 con el sobresalto del seis de enero, batallando en el asalto al Capitolio de los Estados Unidos, en recuerdo del regreso a occidente de los nuevos bárbaros. Para despertar al día siguiente con los efectos de la tormenta Filomena, que abría una mirada atónita a una glaciación presentida como pocas veces, de la mano del cambio climático llamando a la puerta –¡ay! Jano–. Dando lugar a nuevos episodios de descontrol, desconcierto, desabastecimiento, desánimo, aislamiento y abatimiento. La doble mirada del repetido Jano.

Por ello a la ya tradicional cuesta añeja habitual de enero, se ha unido el efecto precipicio. Efecto ¿inhabitual?, pero contundente, de una concatenación de sucesos a los que se responde tarde y mal por parte de los responsables de actuar en esos casos y poner en orden el desconcierto. Y todo ello confiere a la visión de estos días ese efecto precipicio, de presentir una caída libre sin remansos que atenúen el despeño y la bajada. Subir la cuesta empinada –económica, sanitaria, pandémica, social y comunicativa– para descubrir las hondonadas verticales del precipicio en caída libre, sin que veamos el fondo.