NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


¿Lecciones aprendidas?

08/01/2021

Ni más fuertes, ni más humildes, ni más conscientes de nuestras limitaciones, ni mejores. A juzgar por los datos que nos siguen llegando de contagios de estas navidades, no ha pasado nada de eso. Y es que esas cifras no son más que el reflejo de la «responsabilidad individual» a la que tanto se nos ha instado desde las administraciones, dejándonos sin embargo, y para equilibrar la balanza, la «libertad» de poder elegir si se cumplen las restricciones que se nos han impuesto.
La ya famosa fiesta rave de Barcelona de fin de año es ejemplo más que suficiente para sustentar lo que les estoy diciendo. Pero, por desgracia, eso ha sido solo el ejemplo más llamativo de lo que somos capaces de hacer. En menor medida, se han dado otros muchos casos de omisión de esa responsabilidad a la que estábamos llamados, y aún lo estamos, y que lamentablemente se han dado sin el eco que tuvo aquella fiesta.
No es verdad eso de que no hemos aprendido nada. Yo al menos he aprendido que en España no hay otra forma de detener al virus que encerrándonos, como en marzo. Esa es mi lección. El Estado tomó la determinación de confinarnos, y el virus detuvo su avance. Luego la oposición pidió abrir la mano, amenazando con no aprobar más prórrogas del Estado de Alarma, e instando a dejar las medidas de contención en manos de las comunidades autónomas. El Gobierno cedió y vino la segunda ola. Luego se habló de salvar la Navidad. De dejar a la población disfrutar de esas pequeñas alegrías que nos da la familia, los amigos… Y no es que estemos viendo cómo llega la tercera ola, es que nos hemos puesto el bañador y nos hemos tirado de cabeza. Ya sé que estoy generalizando, y eso no es justo, pero yo nos veo que estamos en ese momento, en plena caída para zambullirnos en esa tercera ola sin más esperanza que las vacunas lleguen a tiempo.
Se comprobó en verano, cuando las presiones que venían desde la oposición por salvar la temporada estival en nuestro país obligaron a relajar las medidas de contención. Los efectos los tuvimos después, en otoño, con la segunda ola. Ahora las presiones han venido para salvar la Navidad. Claro que todos queríamos estar con las familias, pero algunos han aprovechado para abusar de la hospitalidad de los famosos «allegados».
Miren, ya no vale eso de que los españoles somos un país de sangre caliente, que nos gusta mucho el roce, que nos alimenta el contacto. Es verdad que las vacunas ya están aquí, pero poca ayuda le brindaríamos al proceso de inmunización si bajáramos la guardia. O nos ponemos las pilas, o la solución británica se extenderá igual que el virus, y ahí sí que la economía, que mucho me temo aún no ha mostrado sus peores indicativos, nos va a hacer retroceder a niveles que ni el ‘Plan Marshall’ ni la lluvia de millones de la UE van a poder remontar. Si la responsabilidad individual no surte efecto, será la del Estado la que nos la imponga.