RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


La vacuna del populismo

08/01/2021

Con los votantes pasa a menudo algo parecido a lo que ocurre con los niños, que tienen que ver las cosas con sus propios ojos, sufrirlas en carnes propias. Da igual cuántas veces les digas que no acerquen la mano a un fuego. No le cogen miedo hasta que no se queman por primera vez.

Lo ocurrido desde noviembre en Estados Unidos, especialmente en la última semana, ha servido para desnudar al emperador más que cualquier escándalo a grandes titulares, más que cualquier aberración televisada (¿recuerdan el «grab them by the pussy»?).
Tras lo ocurrido, millones de personas seguirán convencidas de que Trump es un héroe, o un mal menor, pero otros muchos votantes republicanos, gente cabal sin cuyo apoyo jamás habría ganado unas elecciones, se van a poner a una distancia prudente de las llamas.
Las imágenes de esos miles de tarados y conspiranoicos entrando al asalto en el Capitolio son duras, pero si fuésemos lo suficientemente sinceros con nosotros mismos deberíamos celebrarlas.
Honestamente, no creo que tres horas de pillaje debiliten las bases de la democracia americana más de lo que se han debilitado en estos cuatro años en los que Trump y sus colaboradores han erosionado todas y cada una de las instituciones. Admitámoslo: el sistema puede vivir perfectamente con esta histórica (pero anecdótica) profanación de su templo mayor.
Quizá incluso sirve para generar anticuerpos. Una pequeña inoculación inofensiva de golpismo y fascismo podría perfectamente actuar como vacuna para futuros experimentos. Al contrario de quienes han venido sosteniendo que Trump es un auténtico genio, yo soy de los que piensan que hemos tenido mucha suerte con él. El mundo podría estar en una situación realmente difícil si el primer presidente antisistema de los Estados Unidos hubiese sido algo menos grosero.