Buenos Días

Antonio García-Cervigon


Políticos con ínfulas, bula y padrinos

23/06/2020

Tal como pintan las cosas, y lo que te rondaré morena, la palabra pública asentada por ahora en las dos cámaras legislativas: Congreso y Senado no vive sus mejores tiempos. Están sembradas y jalonadas de broncas cargada de discursos frentistas y diabólicos. Asistimos a unos rifirrafes de unos contra otros que suponen un quebranto en la convivencia de todos los ciudadanos. La postura política que toman los ‘padres de la Patria’ al tratar asuntos de interés nacional, como una nueva Ley de Educación, sin contar con el consenso de los partidos mayoritarios en la Cámara, es un acto que merece la reprobación de toda la comunidad educativa. Por otra parte, la acción política en la tribuna de oradores de algunos parlamentarios peca de odio y aversión están alimentadas de expresiones cercanas a la violencia, cuando la cortesía y las buenas maneras han abandonado esos espacios de la alta política. De esos modos y maneras de ejercer sus funciones, los demagogos y maniqueos se apropian de términos que emplean en cada una de sus intervenciones: libertad, progresista, nacionalistas, y otros conceptos de justicia y paz que usan sin el menor recato. El clima de ‘guerra’ que domina el campo de la política se utiliza para destruir al adversario con todos los resortes desplegados, buscando su aniquilamiento. 
Con estos polvos y lodos de política nacional dictadas por la ideología, los problemas saltan a la política regional, para seguir su curso, hasta llegar a las diputaciones y ayuntamientos, donde la política se da de bruces con los problemas básicos, directos y cercanos que tienen los ciudadanos. Se niega así, a manera de cascada que no de escalada, la posibilidad de cualquier acción compartida entre los grupos políticos que configuran las corporaciones tanto provincial como local. La política de nuestros días suele estar plagada de falsas percepciones y a través de la reiteración machacona de algunos mensajes pueden aparecer razonables, sazonados de los mayores embustes. Nuestros representantes están retratados en ese tesoro de la lengua que son los dichos, uno de ellos: «Tener muchas ínfulas», que indica tener mucho orgullo y vanidad. La ínfula era una tira a manera de diadema que los sacerdotes paganos y los reyes la usaban como distintivo de su dignidad. Además, servían para adornar altares y templos. Y quién no, en su lenguaje tertuliano ha utilizado alguna vez los privilegios con que cuentan sus señorías en sus escaños que parecen tener bula. Y se dice también que los políticos tienen muchos valedores que influyan por uno, a lo que llamamos ‘tener padrinos’. Hemos recogidos estas máximas en El porqué de los dichos, de José María Iribarren, que alude a los padrinos de los bautizos, y por extensión, a los protectores de una persona. ¡Ahí está para corroborarlo esa abultada y copiosa nómina de asesores siempre creciente y activa en las administraciones públicas españolas! Y en esas estamos.