Doble Dirección

José Rivero


Cenizas

17/02/2021

El Miércoles de Ceniza comporta un claro recordatorio de la fugacidad de la vida individual -la vida colectiva navega de otra forma y los olvidos son otros- como memento mori, y de ese polvo -el polvo enamorado que decía Quevedo en su poema- obtenido de la combustión de las Palmas de Pascua pasadas, con que realizan el recordatorio en la disposición cenicienta sobre las frentes de los fieles.
Ahora, tras las elecciones catalanas del domingo, vemos otras cenizas que nos muestran cómo lo que fue vuelo de pájaro elevado se abate caído en la zarza ardiente de la hoguera, cómo lo que fue antorcha reluciente muestra ahora sólo un tizón apagado. Cenizas de partidos políticos que lo fueron todo -y así se mostraron- en el pasado y que hoy refulgen reducidos en el brasero del tiempo. Hablar de Ciudadanos, cuyo descalabro histórico les ha hecho perder cerca de un millón de votos en cuatro años y ponerlo al punto de la extinción, es tan evidente como hacerlo de otras desapariciones y adelgazamientos -el caso de Partido Popular es una muestra de esa errancia hacia las cenizas, cambiando de cabeza rectora cada poco tiempo-. 
Mostrando con ello -con las mutaciones, caídas y adelgazamientos- las cenizas mismas de la política y su enorme voracidad incendiaria. Hay otros desaparecidos como el PdCAT o como el Partido Nacionalista de Catalunya de Marta Pascal, herederos de la antigua Convergencia Democrática de Jordi Pujol y Artur Mas. Herederos fagocitados por la voracidad del tiempo, como la Unión Democrática de Duran Lleida, incluso en la otra orilla, el mítico PSUC, el Partido Socialista Unificado de Cataluña, que hoy no se sabe dónde mora, y si es que mora en la Casa Común de En Común-Podem.
Las otras cenizas son las del electorado desaparecido y deglutido en la jornada electoral. No diré que, quemado y convertido en cenizas, pero sí electorado no contabilizado, que es otra forma de fuego, de desaparición y de cenizas. Digo esto porque 2.488.509 de votantes catalanes han decidido incinerarse ellos mismos y producir sus propias cenizas de descontento. Y así se explica uno hasta las pérdidas de los ganadores independentistas -Esquerra Republicana y Junts per Catalunya- que han redondeado pérdidas de cientos de miles de votos escondidos en las cenizas de la ocasión. Sólo el PSC ha experimentado un ascenso de 606.659 votos a 651.020, con el enorme rendimiento de doblar sus escaños parlamentarios. Pero eso es ya otra cosa del juego de repartos y méritos. Aunque todo sea, como en el Miércoles de Ceniza, un simple recordatorio de la fugacidad de la vida y de la proximidad de la muerte.



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