Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Tarde y mal

11/06/2021

No termino de verlo: Navas y Jordi Alba en gayumbos y con la camiseta interior de tirantes Abanderado y de color blanca. Pero vete tú a saber, que cuando te pasas de la rosca siempre vuelves al punto de origen. En esta ocasión, el Déjà vu me está costando. Allí, todos los jugadores en fila, como si de Cerro Muriano, Hoya Fría o el Centro de Instrucción de Reclutas de Zaragoza se tratara. Al inicio de la cola un militar con una pistola muy similar a las que usan para vacunar al ganado. Pasaba el soldado u oficial de turno y sin preguntar ponía una banderilla en cada brazo. En su sitio. En todo lo alto.
Una concentración deportiva tiene un puntito de militar. Sin pasarse, cierto. La de la selección de fútbol, también. Tanto que el Gobierno ha querido que sea el ejército el que vacune a nuestros jugadores. Para respetar el hábitat. Que nadie se piense que recurren a ellos cuando tienen un marrón. Lo de Filomena y lo de los primeros meses de pandemia -cuando nuestras residencias de mayores se desangraban- fueron dos anécdotas. Ahora, a los sanitarios de las Fuerzas Armadas les tenemos a la espera de órdenes para que sepan la vacuna que tienen que poner. Sanidad ha dicho que Pfizer, aunque el Ministerio de Deportes, que dirige Rodríguez Uribes, quería Janssen. Tampoco es que su propuesta fuera de hace un mes. Es del pasado viernes, porque, probablemente, el ministro de Deportes era el único que no sabía que los de Luis Enrique se estrenan el lunes 14 de junio en la Eurocopa. «Lo más aconsejable es que el equipo pueda vacunarse con una vacuna de una sola pauta. Si no, tendría que recibir la segunda dosis con la competición ya iniciada». ¡Eureka! ¿No lo podía haber pensado hace mes y medio?
En la víspera de la inauguración de la Eurocopa -que a nadie se le olvide que por tres veces fuimos campeones-, todavía no se sabe si les van a poner Pfizer, Janssen o la vacuna contra la polio. El populismo y la demagogia no hacen migas con las decisiones valientes. Que los que van representar a España se vacunen antes de tiempo no tiene nada que ver con los jetas que se saltaron la fila al principio del proceso. Por una cuestión fundamental. Aquellos lo hicieron a hurtadillas y solo se vieron obligados a dar explicaciones cuando les pillaron. Si no, su caradurismo habría pasado inadvertido. En este caso, tenían que haber comparecido a la vez los titulares de Deportes y Sanidad junto al presidente de la Federación Española de Fútbol. «Es marca España y queremos que vayan con todas las garantías». Sin más. Pero no, han escuchado antes a los que se mofan de «once hombres que dan golpecitos a la pelota». Ah, que los que dicen eso están en el Gobierno.
En medio del debate, cuando todavía estaban decidiendo cuál y cuándo, hablé con Noelia. Es de Villares del Saz, un pueblo de Cuenca que está entre la Alcarria y La Mancha. Siempre me han gustado los pueblos que están en tierra de nadie, como si no tuvieran que rendir cuentas más que a ellos mismos. Noelia tiene 26 años y acababa de ser vacunada con Pfizer. No forma parte de ese colectivo de trabajadores esenciales formado por profesores, policías, bomberos y guardias civiles. Simplemente, le ha tocado, y, como a ella, a muchos veinteañeros que viven en el medio rural donde los mayores hace tiempo que se vacunaron y ahora sobran dosis. Noelia tiene 26 años y se ha vacunado antes que los jugadores de la selección. Si no nos eliminan antes de estar inmunizados, todo quedará en una anécdota chusca.



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