Historia en Piedra

Rafael Cantero


La Gripe Española 1918

28/06/2020

La mal llamada Gripe Española, mató entre 1918 y 1920 a más de 40 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de la pandemia que es considerada la más devastadora de la historia. Aunque algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, lo cierto es que un siglo después sigue sin saberse a ciencia cierta cuál fue el origen de esta epidemia que no entendía de fronteras ni de clases sociales.

Tras registrarse los primeros casos en Europa la gripe pasó a España. Un país neutral en la I Guerra Mundial que no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias a diferencia de los otros países centrados en el conflicto bélico.

Los periódicos españoles fueron los primeros en informar sobre una enfermedad que estaba matando a la población. En el resto de Europa, y a ambos lados de las líneas aliadas, censuraron toda información para no desmoralizar a las tropas ni mostrar debilidad ante el enemigo. Con lo cual, sólo se convirtió en noticia en los países neutrales. Al ser España el único país que se hizo eco del problema, provocó que la epidemia se conociese como la Gripe Española. Y a pesar de no ser el epicentro del origen de la epidemia, cargó con el sambenito de la llamada erróneamente, Gripe Española.

Ciudad Real a lo largo de su historia ha sido víctima de innumerables epidemias y otros males como sequias o plagas de la langosta, que han azotado reiterativamente a sus vecinos. Entre todos estos males que han castigado duramente a la población destaca la pandemia del año 1918. La enfermedad llegó a Ciudad Real en la primavera de 1918, pero cuando realmente empezó a hacer estragos fue con la llegada del invierno, que se recrudeció y extendió por toda la provincia. Ante esta situación, tanto las autoridades civiles como sanitarias y todo el entramado social, se vieron totalmente desbordados e incapaces de frenar la enfermedad.

Ante la multiplicación de infectados, tanto las autoridades como las instituciones religiosas establecidas en nuestra ciudad, no escatimaron esfuerzos para intentar detener el avance y contagio de esta mortal epidemia.

El pueblo de Ciudad Real, tal y como había hecho en ocasiones anteriores cuando la ciudad atravesaba por momentos de penuria, no dudó en acudir ante la imagen Virgen del Prado en solicitud de auxilio y consuelo. Atendiendo a los deseos de los ciudadanos, la imagen de la virgen fue bajada desde su camarín hasta el Altar Mayor el día 3 de noviembre, acercándose masivamente todos los ciudadrealeños para postrarse ante su patrona para rezar, hacerle rogativas y ponerse bajo su protección.

La multitudinaria presencia de los devotos de la Virgen en la Catedral, desbordó todas las expectativas, llegando a ocasionar quebraderos de cabeza a las autoridades que se veían incapaces para mantener el orden.

Una vez que se terminaron las rogativas y cultos que se celebraron en la Catedral ante la Virgen del Prado pidiéndole su intercesión en el cese de la epidemia, los fallecimientos y contagios de esta terrible gripe, empezaron a disminuir sensiblemente en nuestra ciudad. Este hecho corrió como reguero de pólvora por toda la ciudad, y sus vecinos se mostraban jubilosos y agradecidos, al constatar que la Virgen del Prado, patrona de Ciudad Real había acudido en ayuda de sus hijos.

Con el fin de agradecer a la Virgen el favor recibido, se acordó celebrar una procesión extraordinaria por las calles de Ciudad Real, el 17 de noviembre. Debido a la lluvia que caía torrencialmente sobre nuestra ciudad, la procesión no se pudo realizar y se aplazó hasta el día 20 del mismo mes. Todos los actos programados para el día 17 se llevaron a cabo en el interior del templo que estaba totalmente abarrotado de fieles.

En acción de gracias y recuerdo perpetuo de la intercesión de la Virgen del Prado en la extinción de la pandemia de 1918, se acordó reformar la ventana del camarín de la Virgen, que era igual que la que existe actualmente en la parte inferior de la fachada, y añadirle una nueva decoración, con el fin de que las generaciones futuras tuvieran conocimiento del hecho acaecido.

El ventanal del camarín se realizó bajo la dirección del laureado pintor local, Angel Andrade, encargándose el profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real, Tomás Arguello García, de diseñar y realizar las escayolas para el nuevo ornato de la ventana del camarín, las cuales se mantienen en la actualidad.

Sobre la ventana propiamente dicha, podemos observar una cartela donde esta esculpida la fecha, 19 nov 1918.  



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