Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Tabernarios

07/05/2021

A Pedro Sánchez sus abuelos no le dieron uno de los consejos más sabios que te puede regalar un mayor: «No te fíes de alguien que no bebe vino». Como recambio para el vino vale la cerveza, la sidra o cualquier fermentado; incluso los destilados, faltaría más. Da igual el lugar. En casa o en la tasca, en el campo con la bota o con una elegante copa en un restaurante. El caso es saber disfrutar de un trago sin amargar al vecino, que con la que está cayendo no es poco. En su justa medida, el resultado siempre suele ser satisfactorio. De ahí el consejo que me dieron mis abuelos y que uno trata de cumplir siempre que puede y le dejan.
No sé si a José Félix Tezanos le gusta el vino. Si atendemos a la sentencia de los abuelos, es evidente que no. No es de fiar, aunque la mayoría de las veces da la sensación de que se le va la mano con bebidas de alta graduación. Lo que sí que sabemos es que no es un habitual de las tabernas. En la víspera del 4-M, este histórico socialista se descolgó con un artículo en el que a los votantes del PP les llamaba ‘tabernarios’. Lo hacía en tono de insulto, lo que nos lleva a hacer unas cuantas preguntas. ¿Por qué ambientes se mueve el director del CIS? ¿Dónde han tenido encerrado este sociólogo? ¿A qué se debe la mala fama que pone a los que acuden a las tabernas?
Todavía está por ver que entre a una taberna y me pregunten por mi inclinación ideológica. Si hay un espacio libre y plural, ese el bar. Se habla de política como se habla de moda, de música o de fútbol. E incluso de conquistas, amores y desamores. En esto último se suele exagerar, sobre todo cuando llevas más de un vaso. En una plaza de toros o en un teatro también hay pluralidad, pero no es lo mismo. Y dentro de esa realidad, si lo que pretendía Tezanos era ridiculizar a una parte, lo que ha conseguido es molestar a los que acuden a estos selectos establecimientos.
Lo que ha logrado también es retratarse aún más: Tezanos es leal, pero no es de fiar. Es fiel al que le ha colocado ahí, realizando todo tipo de piruetas sociológicas, aunque su descrédito siga aumentado. Es inquebrantable al mandato que le han encargado a pesar de que su imagen esté siendo pisoteada. Eso le honra, pero ya nadie se fía de él. El último dislate del CIS viene en forma de ‘encuesta metodológica’. La publica dos días después de las elecciones en Madrid y viene a ser la excusa para tratar de expiar sus pecados. La realizó durante los últimos días de la campaña saltándose la Ley Electoral, que no es una indecencia mayor que las anteriores. Da igual lo que diga esta vez porque ya nadie le cree, ni siquiera en su partido, desde donde ya se escuchan voces cuestionando el papelón que juega. Ahora sostiene que Ángel Gabilondo era el candidato mejor valorado y que los electores no decidieron su voto hasta el final, pequeño matiz para justificar que en su última encuesta flash otorgó hasta 12 escaños de más al PSOE y 11 de menos al PP. Con el resto sí acertó, que tampoco es casualidad. Teniendo en cuenta que cobra más de 92.000 euros al año, no estaría de más que dejara el CIS y se fuera a las tabernas. Haría menos daño y nos saldría más barato, aunque le tengamos que pagar lo que pimple entre todos.



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