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Antonio Pérez Henares

PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Prisión permanente, un alivio para las víctimas

08/10/2021

Los muchos disparates y delirios con que nos hacen desayunarnos cada día dan a veces algún respiro. Algunos son importantes y el de esta semana con respecto a la Prisión Permanente Revisable supone, amén de un gran alivio, la esperanza de que no nos hemos vuelto del todo e irreversiblemente imbéciles.
El Tribunal Constitucional, afortunadamente, ha impedido la necedad que hubiera sido el reincidir en otorgar la libertad complaciente, y a no mucho plazo, de los más sádicos y sicópatas tras haber sido condenados por sus atroces crímenes y sin que mediara otra cosa que la cuasi certeza de que van a cometerlos de nuevo en cuanto puedan. La legislación española era en este sentido un verdadero disparate que dejaba en la indefensión a los ciudadanos ante quienes no pueden ser reinsertados en la sociedad pues tal reinserción solo se tradujo y se traduciría en que vuelven a cometer idénticas atrocidades.
 En suma, que habíamos estableciendo como progresista premisa que hay que reinsertar a todos, aunque ni se arrepientan de lo hecho, ni acepten culpabilidad, pena y el castigo ni tengan en suma voluntad de reinserción. Había, la sociedad, que ser ‘buenos’ y dejarlos sueltos para que volvieran a cometer otra tanda de violaciones, asesinatos o las dos cosas juntas. Y luego ya, si eso, a capturarlos y volverlos a meter entre rejas hasta la siguiente.
La prisión permanente revisable en sus variadas acepciones y nombre, ahora suena mal el de cadena perpetua aunque también este sometida a revisión, es la moneda jurídica común de todos los países europeos, los más democráticos, garantistas y avanzados que, por supuesto, han abolido hace ya mucho la pena de muerte. Que nada que ver tiene una cosa con la otra.
  El cambio penal llevado a cabo por el Gobierno de Rajoy fue sin embargo y en nombre del progresismo contestado y satanizado como algo retrogrado, represivo y no sé cuántas cosas de esas que se dicen para descalificar algo cuando en realidad no hay ningún argumento sólido en que apoyarse. ¿En qué cabeza y razón cabe dejar en libertad a alguien cuya pulsión le impele, y así está demostrado?, a cometer el mismo y terrible crimen en cuanto tenga la más mínima oportunidad de hacerlo? Porque ¿saben? es que hay sicópatas, porque hay violadores y asesinos en serie asesinos en serie. Porque el mal y la maldad existen.
 Pero el ponerse en contra de algo tan obvio y necesario como proteger a las víctimas de sus verdugos resulta aquí, en nuestra España, que es de lo que se ha venido a llamar ‘progre’ y como eso es  lo que da bonos de prestigio social pues en ello y con las más peregrinas argumentaciones, alguna de máximo retorcimiento leguleyo, se apuntaron no solo la totalidad de los partidos políticos de izquierda y extrema izquierda sino todo el elenco de nacionalistas y separatistas e incluso la UPyD de entonces. Y por supuesto apoyados por las diferentes ‘cejas’ de la intelectualidad y farándula patrias. Todo ello, aunque la población al ser preguntada, lo ha sido reiteradamente en múltiples sondeos y encuestas, se manifestaba rotundamente a favor de la medida.  
 Nada importó el sentir muy mayoritario de las gentes y el deseo del conjunto de nuestra ciudadanía. Se presentó recurso de inconstitucionalidad y durante estos seis años uno ha temido que la sensata ley pudiera ser revertida. Pero no ha sido así, para alegría de las víctimas y para alguna que pudiera haberlo sido en el futuro. El TC ha tumbado 7 a 3 la pretensión de derogarla.
Me alegro profundamente de que haya sido así. Siento que, sin embargo, que ese cambio legislativo no se hubiera hecho efectivo décadas antes. Hoy no tendríamos a asesinos etarras, orgullosísimos de sus asesinatos, siendo recibidos como héroes a su salida de la cárcel y en las calles de sus pueblos.