El Yelmo de Mambrino

Manuel López Caramena


Sánchez sólo ve resultados electorales

10/09/2020

No dirán ustedes que no estaban avisados sobre que el coronavirus COVID-19 no estaba en vías de ser no ya vencido y ni siquiera controlado durante el caluroso verano que hemos padecido. Y es que el bicho, que es como muchos le llamamos al COVID-er bissooo en Cai, que es dónde más arrastran en España última sílaba, mientras que aquí, en La Mancha, nos la comemos- ha estado agazapado con las garras y los colmillos preparados para hincárnoslos en el cuello a la primera ocasión. Y así sigue haciéndolo por cientos de casos y llevándonos en volandas hasta el ya sobrepasado medio millón de contagiados y, entre los pregonados y los ocultados al pueblo, a la horrible cifra de +- 50.000 muertos, y lo malo es que sigue su cruel y mortal camino. Y como las desgracias no suelen llegar solas, pues ahí tenemos la desesperanzadora noticia de la paralización de la investigación de la vacuna de Oxford, por culpa de la aparición de una enfermedad, que igual no tiene nada que ver con la vacuna, en uno de los miles de testigos voluntarios que prueban en sus cuerpos la futura vacuna. Esto, ya saben, no quiere decir que la vacuna no valga, sino que hay que investigar la razón de la indisposición del voluntario. O sea, que a esperar un poquito más. (El voluntario español, por cierto, está como una rosa). 
Y acompañando la buena salud del bicho, que, en plan tornado destructor, tan pronto está machacando el norte como el sur o el este como el oeste, pues tenemos la desesperante situación provocada por el calculador y cobarde, ya saben que siempre hablo y escribo de todo esto  en plano político, que no personal, presidente Pedro Sánchez, que sigue sin la más mínima alteración de ruta, aquella que él y los que le llevan la cola del chaqué, cuando lo lleva, y que le obliga, la ruta, su personal ruta electoral, a mantener la debacle en la lucha contra la pandemia. Debacle provocada por el abandono de la fuerza que proporciona la unidad de España y la entrega a la anarquía que provoca el que diecisiete cogobernantes, las destructivas comunidades autónomas, vaya cada uno por su lado y muchos de ellos por camino equivocado. Pero a Sánchez le va muy bien el sembrar desunión, hacer creer a muchos que él es el adalid de la unidad española y que si la Pandemia sigue en todo su apogeo es, ¡qué le vamos a hacer!  Por culpa de los gobiernos regionales.  Personalmente no estoy por la cogobernanza de la  crisis, porque bien queda demostrando que el sistema no vale, no funciona, entre otras cosas, porque acumula ya casi 50.000 muertes, y aunque mal, como demostró en los meses de primavera, el mando único era algo así como más eficaz y no propiciaba las cientos de órdenes y contraordenes, el descontrol en suma, que hay que soportar ahora. Por ello, para evitar dar la cara día a día, guarda Sánchez el mando único, el Estado en suma, y saca a relucir los 17 gobiernos del  desastre, mientras él sigue calculando resultados en el Congreso y en las urnas. ¿Habrá pensado don Pedro, alguna vez, en los casi 50.000 personas que se han ido al más allá en los cuernecillos del puto viru?