Mariana Boadella

Mariana Boadella


No hay recetas mágicas para las palomas

21/05/2021

Cuando se pasea por una ciudad, es fácil deducir que las palomas (Columbia livia) son animales que se han adaptado a las urbes y que en ellas proliferan con mucha facilidad. No tienen depredadores, disponen de comida y pueden anidar cómodamente en edificios sin uso. Esa buena adaptación provoca un aumento de sus poblaciones y por tanto, problemas. Entre los más evidentes están el ensuciamiento y deterioro de edificios y mobiliario urbano por sus excrementos, y quizás entre los menos evidentes está el riesgo de zoonosis, ya que pueden ser transmisores de varias enfermedades a los humanos.

Por tanto, las palomas urbanas son animales cuyas poblaciones hay que controlar para evitar su sobreabundancia y los impactos negativos que provoca. Es por ello que en muchos ayuntamientos se usan métodos de control. Desde dispositivos de exclusión, la sanción a los alimentadores, o la captura con jaulas y traslado a núcleos zoológicos para cetrería o caza.

Desde hace un tiempo, los métodos de captura están siendo criticados por una parte del sector animalista, y por ello suelen solicitar como alternativa, el uso de nicarbacina, un antiparasitario que se aplica como anticonceptivo para aves. El fármaco se impregna en grano y se administra en comederos supuestamente específicos para palomas y al ingerirlo, se inhibe su reproducción. Su uso genera mucha controversia por el efecto que pueda tener sobre otras aves; por las dudas legales sobre la aplicación de un producto veterinario como biocida ambiental sin estar autorizado para ello; y por las resistencias como antiparasitario que puede provocar en el medio ambiente. Pero además de todo esto, en 2020 se publicó un estudio científico que constataba que la nicarbacina administrada en pienso para las palomas no reduce sus poblaciones. De hecho, los autores desaconsejan su uso en ciudades como Barcelona, donde se realizó el estudio.

En la naturaleza se mantiene un equilibrio gracias a los depredadores. En las zonas rurales, la caza, o la tradición milenaria de los palomares era también una forma muy sostenible para el control de palomas, gracias al consumo de pichón, una fuente de proteína animal muy apreciada cuando ésta escaseaba. Pero en las ciudades se rompe ese equilibrio y las poblaciones de palomas se convierten en un problema complejo para el que no hay recetas mágicas y que por tanto se debe abordar desde el control integrado. Esto es, usar las herramientas disponibles de forma coordinada para dar una solución lo más eficaz posible. Limitar los lugares de refugio y la disponibilidad de alimento son factores clave, pero a su vez, son las medidas más complejas de llevar a cabo. En Ciudad Real se hace un control integrado: Se controla y se sanciona (hasta 100€) a quienes ponen alimento en espacios públicos, se trabaja en reducir los sitios de nidificación en edificios abandonados, y se capturan ejemplares cuando se detecta problemática o aumento de palomas en puntos concretos de la ciudad. Esta gestión, a diferencia de la cara nicarbacina, no tiene costes añadidos para el ciudadano, porque se lleva a cabo con los medios propios del Ayuntamiento, y para mí eso es un factor muy importante a tener en cuenta a la hora de gestionar los servicios públicos.

En esa tarea seguiremos actuando con base técnica, y con el objetivo de mejorar. Hacer censos de palomas para evaluar la eficacia de las medidas que se toman, o instalar un hacking de halcones peregrinos u otras rapaces, podrían complementar la gestión de estas aves en nuestra ciudad.

Eso sí, los más puritanos deben saber que los halcones golpean sin piedad a las palomas para matarlas y comérselas, no sé si lo consideran un método ético, pero así es la naturaleza.

 

*Mariana Boadella es concejala de Sostenibilidad y Agenda 2030 del Ayuntamiento de Ciudad Real.



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