El Yelmo de Mambrino

Manuel López Camarena


El COVID-19 exige mayor firmeza

07/01/2021

Lo que está pasando en España con la pandemia del COVID-19 y en buena parte del mundo occidental, que es del que tenemos información relativamente fiable, es bastante chocante y hasta bastante chungo. Este juntaletras que escribe estos reivindicativos Yelmos no termina de entender, y juro que lo intento, cómo y por qué una aglomeración de población de tamaño igual o inferior a una comunidad autónoma o a un lánder alemán -concretemos en nuestra querida Asturias o en nuestra no menos querida Extremadura- puede estar un espacio de tiempo equivalente a un mes, o un poco más o un poco menos, con cifras envidiables por los demás connacionales, o compatriotas, -a las dos citadas regiones españolas les ha sucedido hace algunas semanas próximo pasadas- y de pronto, como si se hubiese formado y desatado una ciclogénesis explosiva no de agua y granizo sino de contagios, sus cifras empiezan a subir, de manera furiosa y despendolada, llevando el dolor, especialmente, a los habitantes de esos núcleos urbanos y humanos. Tanto Asturias como Extremadura, en estos dos meses últimos, han tenido cifras que para mi tierra manchega y castellana yo hubiese querido, ya que, sensu  contrario, mi Castilla-La Mancha ha llevado una gestión menos que regular, marcando cifras de susto y muerte que, en muchos momentos, han llenado a reventar hospitales y tanatorios.
Pero volviendo al meollo de la pandemia, no se entiende muy bien esas tremendas subidas y bajadas de los dientes de sierra de la gráfica de víctimas. Un mes casi, o más, sin ingresos ni pases por las UCI ni llamadas a los tanatorios para retirar cadáveres ni…; y que de pronto la sierra se ponga a cortar, como si un maníaco diabólico la manejase, y otra vez, pasados 30, 40, 50 días, la calma vuelva a esos pueblos y, eso sí, no se vea horizonte, ni futuro, y todo se fíe a la existencia, en no demasiado tiempo, ya tenemos tres, que una o cinco o siete vacunas, cada cual de su padre y de su madre, empiecen a poner coto real y frenazos de disco a esta amenaza mundial que cuenta ya los muertos por millones y de la que nadie está libre. 
Y ante esta cuasi apocalipsis que nos tiene cogidos por el cogote, la humanidad de a pié, usted y yo, ve como el desastre más acollonante de la gestión política, inventada, dicen, para proteger y hacer prosperar a los pueblos, muestra su más absoluta ineptitud e inoperancia, facilitando, sin duda que sin intención, ¡faltaría más!, que las cifras crezcan y acobarden a las distintas sociedades del mundo, que ven, impotentes, el imparable ascenso de las mismas, como se fracasa en la contención -hoy aquí mañana allí-, como se propinan palos de ciego a go-gó, y, ahora, en estos días últimos, como quedan miles de gobernantes con el culo al aire, ¡pero al aire!, al no lograr cifras dignas y protectoras de vacunación. ¡Que vergüenza!, estar contando, en la mayoría de los escenarios los pinchazos por docenas y como mucho, salvo excepciones, por cientos o unos pocos miles. Y aquí hay que meter, para desgracia de la Humanidad, a los Trump, Johonson, Bolsonaro, Sánchez, Illa, etc. ¡Todos igual de torpes, todos igual de ineptos!