Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Las pequeñas cosas

03/01/2022

Hay veces en las que la vida se convierte en un círculo vicioso, una espiral infinita, una serpiente que se muerde la cola y se envenena una y otra vez. Esos errores que cometemos que se convierten en rutina porque no nos paramos a pensar en que puede que haya otra manera de ver las cosas. Puede que aquella puerta que creímos ver cerrada, en realidad siempre estuvo entre abierta. Esas pequeñas cosas de la vida que te hacen sonreír sin ningún motivo aparente, son a las que deberíamos aferrarnos.
Esta primera reflexión con la que quiero empezar hoy mi columna es la clave de lo que nos ha hecho sentir la pandemia a lo largo de estos dos años.
Nadie podría imaginar hace dos años y medio que nos encontraríamos sufriendo una situación mundial como la que actualmente vivimos. El ser humano está acostumbrado a vivir el momento con la intensidad que ha determinado su escala de vida, sus constantes de evolución, progreso y comodidad. Sin embargo, la situación en la que hemos tenido que recrear nuestro espíritu, sobrellevar momentos difíciles de salud y sacrificio extremos de conducta, ha determinado que reflexionemos, hagamos pensar a la mente en la situación que se vive y en el futuro que nos espera, y ha sido entonces, cuando hemos llegado a la conclusión de lo importante que es 'vivir las pequeñas cosas', valorar lo más imprescindible, dejar que el corazón dicte los momentos, creer en lo sencillo, admirar los valores del que te ayuda o te consuela, porque siempre podremos encontrar humor, armonía, sorpresas tan agradables que nos llena el día con una sonrisa.
Esas son las pequeñas cosas que sentimos como importantes: una caminata por el campo, brisas de primavera, hojas de otoño que caen lentamente en tu rostro, la sonrisa de tu amigo, el lamido de tu perro, el beso de tu madre, compartir un café entre quiénes te sienten o te ofrecen su calor, creer en la vida como parte de ese camino a recorrer.
La sencillez es monotonía hoy en día. Simplemente, avanzamos creando y destruyendo a cada paso. Nuestro instinto animal a pesar de estar reprimido lo utilizamos más que aquella inteligencia divina de la que alardeamos. Vagamos por este mundo creyéndonos superiores pero al mismo tiempo no hacemos nada para corroborarlo. La felicidad y el amor son cosas que con el tiempo se han ido desgastando en nuestra sociedad.
Por eso, me quedo con lo que dijo Ignacio Isasi: «Fijaros qué fácil es perder todo, todo, todo eso que nos hace disfrutar y que no nos damos ni cuenta que nos hace disfrutar y ser felices. Es ese 'perderlo enseguida. que lo valoramos mucho ahora y cuando regrese, que lo valoremos mucho de verdad. El valor de las cosas pequeñas.
Las cosas pequeñas, el valor de lo sencillo, esto es la naturaleza. El ser humano es muy grande y lo vamos a lograr, como dicen, iba a decir como dicen los políticos  pero no sé si me interesa mucho lo que dicen los políticos; como dicen muchas gentes de bien».

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