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Elisabeth Porrero

Elisabeth Porrero


Rural film fest, cine y alma

13/07/2022

El fantástico Festival de Cine Rural y Medioambiental Internacional Rural Film Fest acaba de cumplir, felizmente, una década. Hace diez años nacía en Fuencaliente, haciendo así realidad la maravillosa idea que tuvieron Jaume, profesor universitario de Comunicación Audiovisual y Alberto, director de una productora audiovisual, organizadores y directores del mismo, de realizar un evento cinematográfico de esta temática. El pasado sábado se guardaba, hasta el año que viene, la pantalla, que se ha abierto cada día en una pedanía distinta de Elche. En ella, durante 8 días, se  han proyectado al público infantil y adulto obras de grandes artistas recibidas desde numerosos rincones del planeta. Cortos de animación, ciencia ficción, tema libre o documentales han participado en esta edición que, como en las anteriores, se dedica, fundamentalmente, al cine relacionado con lo rural y el cuidado del medioambiente. 
Sus geniales directores no se toman en vano la sostenibilidad ni la usan como simple reclamo para este Festival. La pantalla que ofrece las películas se carga de modo sostenible durante la semana que dura el evento, se ofrecen visitas a las personas participantes a diversos lugares relacionados con el entorno natural y se ofrecen talleres relacionados, por ejemplo, con el reciclaje o el trenzado con esparto en los que puede participar toda la gente que lo desee. También hay que añadir que el símbolo del Festival es un cérvido, de las pinturas rupestres de Fuencaliente, que enseñaba a los participantes la prestigiosa arqueóloga Macarena Fernández, en las primeras ediciones del Rural Film Fest. Este animal aparece en las camisetas que componen el uniforme de cada una de las ediciones del mismo.
En el afán de estos dos intrépidos apasionados del cine destaca la implicación de los asistentes a las proyecciones. Por eso, cada noche se establece el voto del público, que emite su veredicto después de disfrutar de las obras de esa sesión. Acabada la misma se realiza el recuento, de un modo peculiar y muy entrañable.
La calidad de los trabajos participantes es altísima y, por supuesto, provocan en quien los está disfrutando risa, llanto, sorpresa o ternura, pues son obras que tocan el corazón.
Personalmente, me encantó Ink, de animación infantil, en la que un pulpo pedía, aunque no le entendiesen, que se le limpiara el cristal de su pecera que una niña había manchado con helado. También The hurl, de ficción, que simulaba el ataque a los humanos de la basura que hemos ido acumulando sin control. Especialmente conmovedores resultan, por supuesto, los documentales que hablan de las tierras o formas de cultivo que se pierden por dinero y que, con tanto trabajo, quisieron conservar nuestros antepasados.
Naturaleza, arte y compañerismo son vida y nos dan vida. Lo saben muy bien Jaume y Alberto, por eso han conseguido que este Festival, mezcla de todos ellos, aporte tantas cosas bonitas a aquellos que lo viven.
Fomentar el amor por el cine y el medioambiente es, sin duda, una forma maravillosa, de mejorar el mundo.