Antonia Cortes

Desde mi ventana

Antonia Cortes


‘María la del Aviador’

10/06/2021

Hace como un año recibí varias fotografías por WhatsApp. La escultura que había en la plaza de la aldea del Cristo del Espíritu Santo, con el nombre de ‘María la del Aviador’, yacía rota en el suelo. Sentí que algo dentro de mí también se rompía. Me contaron que fue un accidente: un tractor se la llevó por delante. Tiempo después pregunté y me dijeron que el Ayuntamiento de Malagón se estaba encargando de reponerla. Me quedé tranquila.
Pocos meses antes de su muerte, regresé con María a su Cristo. Sus miedos se habían cumplido y la imposibilidad de caminar la llevó a la residencia San Clemencio. Como tantas otras veces, nos metimos por la antigua carretera que va de Malagón a la aldea, para recordar esas curvas que ella tomaba como loca cuando conducía, para ver sus queridas montañas, para admirar esos campos de vides y olivos… Aquel día, sentí que era un camino sin retorno en el que fue recordando, sin perder su eterna sonrisa, una larga vida, con sus alegrías y tristezas. Sabía que estaba llegando su final. Fue, fuimos, felices, porque era muy difícil no serlo estando a su lado. 
Al llegar a la plaza, delante de su escultura, donde, repito, rezaba «María la del Aviador», llamada así porque su hermano era comandante de Iberia, paré el coche. Miró despacio a un lado, al otro… Le pregunté si estaba contenta, me contestó que mucho. «Qué ilusión me hace venir y ver a María ahí con el cántaro», dijo. La grabé, son solo 30 segundos.
Hace unos días, nuevas fotografías en mi WhatsApp, con un comentario lleno de tristeza e indignación, mostraban el cambio de la escultura accidentada por una Dulcinea y la desaparición del nombre de nuestra María. Sentí dolor, rabia, incomprensión. ¡Qué falta de amor!  Se me vinieron las imágenes de aquel último viaje a su aldea. De ese vídeo y de tantos y tantos en los que derrocha felicidad. Pensar en María es dibujar una sonrisa.
Es cierto que el Ayuntamiento la nombró Ciudadana ejemplar en 2012, un emotivo acto en el que también estuve al lado de María. Quizá por eso se me hace difícil entender la decisión. ¿Quién mejor para representar a la mujer manchega que una malagonera ejemplar? Justificar esta acción en que la idea original era una Dulcinea, allá por los 70, ¡hace más de 40 años!, no la llena de sentido. Cuando el accidente había una placa en la que se leía «María la del Aviador», y al reponerla, no. Esa es la verdad.
No tengo ninguna motivación política, defiendo la restitución de su nombre porque creo que es justo. Es más, no pienso que el Ayuntamiento haya actuado de mala fe, sí con cierta soberbia al censurar y borrar comentarios no deseados en las redes sociales.
Rectificar es de sabios. No obstante, María está grabada en el alma de quienes la quisimos y seguimos queriendo. Y, de ahí, nadie la puede quitar.



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