Doble Dirección

José Rivero


Trump y la ciénaga

27/01/2021

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos en 2017 fue vista por él mismo como una sentida necesidad de remover -agitar, incluso airadamente- el establishment de la política corrupta de Washington. Posición ésta compartida por otros populismos de diversa laya y estofa, que se pretenden a sí mismos como salvadores de muchos males -reales o inventados-; para lo que se cuenta con las oportunas soluciones -más inventadas que reales, por cierto-, soluciones de las que ellos, los populistas, son portadores como si de un Santo Grial se tratara. 
Ya sea la contraposición de la casta versus la gente -a la manera de Podemos-, ya sea tildar al duopolio alternante de republicanos y demócratas como la misma basura, ya sea el redentorismo indigenista de Bolsonaro o el ingenuísimo bolivariano de Maduro. Una política tildada de corrupta por alguien como Trump, que tenía -cuando menos- un pasado penalmente tenebroso de demandas y querellas trenzadas, que sólo su llegada a la Casa Blanca acabaría paralizando por la inmunidad que otorga el cargo presidencial. De aquí la afirmación repetida por el gesticulante y tronante Trump de que venía dispuesto «a drenar la ciénaga» -drain the swamp-, que eso era para él el estado real de la política previa. 
Esta proclama de limpieza política venía a satisfacer el oído de los muchos descontentos por la ineficacia de la alternancia partidaria, que partía, además, del malestar social producido tras la crisis económica de 2008 y tras los efectos de la guerra económica con China. Además de ello, el otro eslogan triunfal y repetido de Trump -que aún ha permanecido en la campaña electoral de 2020 y que sigue coleando- ha sido el Make America Great Again -conocido ya por su acrónimo casi mágico, MAGA- y que explora los elementos del supremacismo blanco y americanista, han consolidado toda una línea de justificación aparente del descontento expresado por clases medias y por ciudadanos de la América profunda. Por más que las políticas reales de la administración Trump se hayan movido en otros frentes del conflicto. Conflicto interior -produciendo una fractura social evidente- y conflicto exterior con los aliados tradicionales de los Estados Unidos.
Esta actitud de ‘drenar la ciénaga’ contrasta con el paquete de indultos y conmutación de penas que se han producido en los últimos minutos de su mandato, y que -no por ser una prerrogativa tradicional de los presidentes salientes- han desvelado la auténtica estatura política y moral del que venía a limpiar las aguas turbias y que finalmente ha contribuido a enlodazarlas con su resistencia a aceptar los resultados de las elecciones de noviembre y el asalto al Capitolio de enero.