Aurora Gómez Campos


Trump y el Leviatán

18/11/2020

"Mi madre dio a luz gemelos: yo y el miedo», dijo el filósofo inglés Thomas Hobbes. El filósofo nació prematuro a consecuencia de que su madre estaba preocupada por la inminente invasión de la Armada española a Inglaterra. El miedo subyace en la obra de Hobbes hasta el extremo de manifestar que estaba a favor de la censura de los medios de comunicación y de las restricciones a la libertad de expresión si el soberano consideraba que tales derechos son negativos para la preservación del orden público. A la vista del comportamiento de Donal Trump bien pudiera afirmarse que la madre de Hobbes parió un tercer hijo no reconocido: el autoritarismo. No es otra cosa sino el miedo lo que se esconde tras la figura del Príncipe Valiente que exhibe Trump. La conducta autoritaria camufla la imposibilidad de aceptar la negación, la pérdida, la contrariedad. Donald Trump, como algún otro, ha convertido la Casa Blanca en su propio búnker en el que fantasear con transmutar la realidad y convertir la derrota en vencimiento.
Y es que la soberbia es evidente, el miedo no tanto. Thomas Hobbes vivió en un periodo convulso e inseguro; vivió en el exilio y la revolución. Así que retomó la frase de «el hombre es un lobo para el hombre» y configuró un sistema político que legitimaba el poder absoluto, ya que el temeroso Hobbes prefería el orden y la seguridad pública antes que vivir la inseguridad inherente a la libertad. 
Donald Trump instala muros, impone aranceles y aparta gente de color más oscuro al suyo por ideales, por prepotencia y por miedo. Ese miedo que también padecen los votantes americanos que prefieren la seguridad a cualquier coste. Trump ha sabido manejar el miedo de sus votantes como si disfrazara a un niño muerto de miedo con las ropas de un guerrero. Y eso gusta a quienes sufren de incertidumbre. 
Pero Thomas Hobbes también escribió Leviatán o La materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil (1651). El miedo de Thomas Hobbes al desorden público lo dirigió a la figura mitológica hebrea del leviatán, una serpiente marina, grande como todo el miedo del mundo y bestia como ella sola. «De su boca salen hachones de fuego. De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve. Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama…» (Job 41:19-22), en fin, una fiera de mito. El Leviatán -según Hobbes- es el Estado, un ente poderoso con la ira de todos los infiernos. Donald Trump ha pretendido -y casi lo consigue- subirse a lomos de la serpiente marina, o sea, situarse por encima del Estado de Derecho. Pero todo ha sido ilusión y delirio porque el aparato del Estado es un artificio poderoso que no atiende a la mera apariencia del poder, sino al Poder instaurado por el arraigado sistema de partidos americano. El miedo a la derrota le ha llevado a la derrota misma. Y es que el miedo tiene esas cosas: encoge el espíritu, a veces provoca que uno se tiña el pelo de naranja y además, enseña el camino a la pérdida.