PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Traigan vacunas y déjense de sermones

03/04/2021

Hace un año nadie pensamos ni nadie nos dijo que un año después íbamos a estar así. Pues así estamos, acogotados, con 100.000 muertos pasados, y sin que haya mejorado ni la ineptitud ni el sermón. Y a tragar porque no tenemos más remedio que aguantar y que tragar.

Un año después nada ha cambiado ni en la actitud, ni en la inutilidad ni, eso menos que en nada, en el monsergón. Mascarillas entonces y vacunas hoy. Incapaces entonces de traer las primeras e incapaces de vacunarnos con cierta rapidez hoy.

Y encima dándote la matraca. Las mascarillas hace un año, lo aseveró el oráculo Simón, eran un estorbo inútil ayer las hicieron ya tan obligatorias que ni en mitad del monte, aunque este usted a kilómetros de un lugar habitado y en soledad se le ocurra quitársela o ya será usted un proscrito y un fuera de la ley.

Esa, la de la mascarilla obligada hasta el absurdo ha sido la última medida estrella de carácter nacional, que se ha unido a la estabulación taifal por Semana Santa contra la que tampoco se puede ni discrepar si no quiere ser considerado uno un perverso asocial. Pero ¿alguien me puede aplicar que una medida supuestamente igualitaria y racional suponga que 8, 5 millones de españoles se pueden mover por 87.600 km² y de mar, el Mediterráneo, a mar, Atlántico, 2 millones hacerlo por 79.500 km², pero 6,7 millones no pueden salir de una superficie de 8 mil km², o que 315 mil no puedan salir de sus 5000 km? Supongan que hablo de andaluces, castellano-manchegos, madrileños o riojanos y añadan que, por ejemplo, un labrador habrá de tener cuidado en no pasar en la linde con el el tractor porque una rodada más o un tramo de pista forestal y está en Esteras de Medinaceli, lo mismo que si uno va en coche por la A-2 y en pecado mortal contra el sexto mandamiento de la pandemia. ¿Qué no? El año pasado en los pueblos la Guardia Civil tenía instrucciones de no dejar o advertir a los abuelos que mejor no ir al huerto a plantar las lechugas. Otra cosa es que miraran para otro lado, pero prohibido estaba. Claro que, si usted tiene cuartos de sobra y, por ejemplo, se coge desde Barajas un vuelo a Londres y de ahí otro a Barcelona puede entonces visitar a su señora tía que vive allí y ya de paso darse un baño en la Barceloneta, que según el Cintora y el rotulo de la TVE es una playa de Madrid. ¡Ah! Y si es extranjero puede usted ir y pasar por donde le de la real gana por nuestro país. El cepo perimetral solo es para nativos.

Miren ustedes, llevamos mucho sufrido y demasiada estupidez aguantada. Las medidas de protección que debemos de tomar para intentar no caer se saben y son las que debe hacerse cumplir sin ponerse a tocar las narices al personal. Castiguen a quienes de verdad hacen el Barrabas y se ponen en riesgo a ellos y a los demás y por eso nadie les va a reprochar la mano dura. Pero ya a estas alturas, de veras, gilipolleces las justas, que ya no damos más de sí para aguantar.

Porque a ustedes, los gobernantes los llevamos de todo, y demasiado, aguantado. A escala nacional o regional. O recordamos tan solo algunas de sus apariciones y anuncios estelares, que eran para que si hubiera actuado la Benemérita. Déjense de monsergas de una vez. Que ya no tenemos ni un sermón ni un discurso más y hagan de una vez lo que tienen que hacer. ¡Traigan vacunas en cantidad y de una puñetera vez!

Eso es lo único de lo que queremos oírlos hablar. Y hasta gritar. Los presidentes regionales al nacional y el nacional en la Unión Europea que en esto ha quedado como Cagancho en Almagro y está protagonizando un ridículo mundial. La presuntamente avanzada, desarrollada y eficaz Europa, todos y cada uno y en alícuota parte en lo de vacunar más que cabeza están siendo y yendo de culo. Y lo malo, es como nos están haciendo ir a todos.