Aurora Gómez Campos


Tierraplanistas

14/10/2020

En la ciencia la única verdad sagrada es que no hay verdades sagradas», dijo el científico Carl Sagan. Por eso quienes cuestionan el concepto mismo de ciencia están sacralizando la ignorancia. Y es peligroso que existan corrientes de pseudo pensamiento que propugnen que el planeta Tierra es plano como una bandeja plagada de montañas en medio del cielo o que la sangre es intransferible y que, antes de donarla, es preferible morir. Es peligroso creer que al hombre lo creó Dios una buena mañana soplando barro, y que de ninguna manera el hombre desciende de un antepasado simio. Sin embargo, la creencia de que la Tierra es plana no afecta a la salud del prójimo, de la misma manera que la negación de la Teoría de la evolución de las especies, tampoco parece afectar directamente a la salud. Ahora bien, quienes piensan, sostienen y mantienen que el coronavirus no es una enfermedad, que no se contagia o que es un medio de manipular masas, sí afecta a la salud general.
Legalmente hay formas de sancionar la negativa a observar medidas de protección ante una enfermedad tan contagiosa como la Covid-19. La legislación sanitaria ofrece mecanismos sancionadores suficientes para disuadir de la realización de conductas que vulneran las medidas de prevención de contagios. Pero el procedimiento sancionador tiene carácter residual y subsidiario, es decir, como el procedimiento penal, solo puede articularse cuando la adopción de otras medidas resulta insuficiente. Los ejemplos tampoco ayudan mucho. Tras superar su Covid19, un exultante Donald Trump apareció en su enorme púlpito azul y afirmó “me siento tan fuerte que bajaría a donde está el público y os besaría a todos. A los hombres y a las mujeres guapas”, a las otras no las besaría. Después se arrancó por los Village People y zarandeó su anatomía al ritmo de esa famosa canción que habla de hombres jóvenes. Más vigoroso que Lobezno en pleno ataque de ira, Donald Trump engaña a quienes dejan sus mentes abiertas de par en par a ese engaño. El problema es importante cuando una sociedad se instala en una creencia tan simple y regresiva. Y es que, como dijo Ortega y Gasset, las ideas se tienen, en las creencias se está. En la última década ha aumentado considerablemente la creencia de que las vacunas son innecesarias porque provocan autismo, o porque el cuerpo debe defenderse solo, o porque hay que dejar hacer a la naturaleza. Pseudociencia que perjudica a los propios «tierraplanistas» sanitarios y al mismo tiempo, joroban la salud de los demás. En España también hay quienes reivindican la libertad de no usar mascarilla. Lo perverso es usar el término «libertad» en vano. En nombre de la libertad no se puede contagiar a los demás. La creencia es libre, tanto que es admisible creer que una mujer con la regla cortará la mayonesa, o que el Sol gira alrededor de la Tierra. Sin embargo, pretender revestir una creencia con la bata blanca de un científico, es una evidente superchería.