Elisabeth Porrero


Siempre el asombro

18/11/2020

Gracias al maravilloso poeta Federico Gallego Ripoll conocí un impactante poema del también genial escritor Santiago Sastre, titulado La admiración, que contiene versos tan bellísimos e impactantes como estos: «Dios mío,/no permitas que el asombro/ se me apague… /Que mi mirada mantenga la sorpresa/al contemplar un atardecer, /la catedral de Toledo, / un cerezo en flor/ o aspirar el olor de la mañana/recién hecha… La capacidad de sorprenderme /me deja a solas/ con el increíble milagro de vivir, siempre nuevo, / siempre esperándome en el prodigio».
Lo leí varias veces, viendo reflejado en él lo necesario que es, sobre todo en épocas tan difíciles como esta, no perder la disposición a dejarnos asombrar por cualquier detalle o situación, por pequeño que parezca. No podemos viajar como quisiéramos ni asistir a muchos espectáculos en directo, pero, como nos dice el poeta, «vivir es un milagro siempre nuevo» y debemos estar atentos para no perdernos las alegrías que puede depararnos, aún en mitad de las sombras.
Hay gente así, afortunadamente, dispuesta siempre a la sorpresa. Me contaba hace tiempo mi querida amiga Juana Pinés, también reconocidísima escritora, que un familiar con el que paseaba una vez le restó importancia al hecho de que ella se maravillara contemplando unas rosas. Le vino a decir que veía muchas a menudo, extrañándose de que se sorprendiera tanto al ver otra más. Ella respondió: «Claro que me impactan, son hermosísimas y a estas es la primera vez que las veo». Una respuesta que dice mucho de su valiosa actitud ante la vida.
Es muy fácil y, quizá a veces inevitable, dejarse llevar por la negatividad y la apatía en la situación que nos encontramos y pensar que se nos está apagando la belleza. Pero es, también necesario y casi imprescindible, para seguir adelante, dejar que nos alegren las cosas hermosas que puedan rodearnos y, sobre todo,  tener la predisposición para que esto pueda sucedernos.
No dejemos de presar atención a la rutina, seguro que contiene gestos que nos hacen felices, que siempre nos han hecho pero a los que, por hacerlos a menudo, hemos dejado de valorar. Como ahora llevamos a cabo menos actividades extraordinarias no podemos ignorar el placer que nos producen esos pequeños detalles que también nos siguen recordando «el increíble milagro de vivir», del que nos hablaba Santiago Sastre en este inmenso poema.
Háganles caso a los poetas. A veces, desde sus versos, nos ofrecen consejos y terapias que pueden salvarnos, aunque sea un poquito de la tristeza. Sus palabras pueden ser las candelas que estábamos esperando.