Desde mi ventana

Antonia Cortes


No

25/02/2021

No se suele ir a la cárcel por una sentencia condenatoria de solo nueve meses. Y menos si no se tiene antecedentes. Sería interesante que quienes defienden al rapero (sin nombre, para no darle aún más publicidad de la que ya ha conseguido) se informasen mejor del porqué está encarcelado y las condenas que acumula. Averiguarían que no solo hieren sus frases, también lo hacen sus puños y sus formas, que no son precisamente ejemplares.
No se entiende que se pueda reivindicar los derechos de determinadas personas si el camino que se ha elegido para ello es el atropello de los derechos de los demás. ¿O es que unos tienen más que otros?
No vale exaltar la libertad de expresión y denunciar que en este país (ejemplo de democracia, pese a lo que piense el vicepresidente) se resiente si en lugar de utilizar como arma la palabra se opta por la violencia, porque destruir, romper, incendiar… no significa expresarse libremente sino simple y puro vandalismo, que es lo que estamos viendo, viviendo.
No se puede exigir apoyo cuando quien lo pide no respeta y disfraza una excusa para justificar el asalto de comercios, entidades bancarias, edificios emblemáticos, el incendio de contenedores y papeleras o el destrozar por destrozar sin pensar en la inocencia de las personas afectadas, demasiadas, en el daño gratuito que se les está haciendo, a ellos, a sus negocios, a sus familias. ¿Esto es libertad?
No es de recibo implantar el caos y la incertidumbre en la calle, el temor entre los vecinos ante tanta agresividad, cuando muchos ni saben la razón por la que han decidido involucrarse en las movilizaciones o, peor aún, cuando han decidido hacer barricadas e involucrarse en los altercados porque lo encuentran divertido. 
No es ninguna tontería que los destrozos producidos noche tras noche en Barcelona debido a los enfrentamientos entre los jóvenes manifestantes y los Mossos d´Esquadra superen ya el millón de euros. Quizá si los obligaran a pagar esos daños…, si los pusieran a trabajar para reparar con sus propias manos lo destrozado en esa y otras ciudades, pensarían un poco antes actuar. O no… 
No es entendible que personas influyentes en la opinión pública alienten a los jóvenes violentos a mantener posturas incívicas, porque no es un juego de juventud retar y enfrentarse a los que nos protegen, a quienes intentan mantener el orden, aún sabiendo las dificultades añadidas.
No es fácil comprender la necesidad de protagonismo de determinados individuos, observar lo sencillo que es emplear el arte de la manipulación y la respuesta positiva que este puede obtener ante la mirada de asombro de tantos. 
No, por mucho que se intente analizar determinadas decisiones y actitudes e incluso buscar alguna razón que pudiera hacer un poco más entendible lo injustificable, es imposible, porque algo que se basa en la violencia no puede obtener la aceptación. Es, simplemente, una cuestión de principios.