RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Dos antiguas buenas noticias marítimas (la segunda y final)

20/12/2020

Después del relato de la derrota en nuestros mares de sir Francis Drake, allá por el siglo XVI, esta semana voy a comentar que la causa de mi contento procede de conocer la formidable dedicación científica y divulgativa que lleva a cabo Mertxe Arteaga Artigas (Lazcano, Guipúzcoa, 1960), una arqueóloga doctorada en la Universidad de Valladolid, cuya labor investigadora ha confirmado la importantísima presencia de Roma en la fachada cantábrica del País Vasco. 
Mertxe Arteaga hizo su tesis doctoral sobre Arqueología de la Producción del Hierro en Gipuzkoa (1987), dirigida por un gran arqueólogo, Alberto Balil (1928-1989, y la materia de su estudio le dio la experiencia y la base intelectual para el descubrimiento, en 1992, del puerto romano de Oiasso, seguramente el puerto más importante que los romanos construyeron en Hispania en el siglo I a.JC, y que se convirtió en punto logístico para la navegación hacia el Mare Externum (mucho más amenazador que el Mare Nostrum) a partir de las grandes calzadas romanas, la tarraconense al Este, y la Asturica Augusta al oeste, en época imperial, desde el siglo I d. JC. 
Pero el puerto de Oiasso, que se encontraba donde hoy está la ciudad de Irún (que se segregó de Fuenterrabía a fines del siglo XVIII, con grandes tensiones), estaba directamente relacionado con las minas del macizo granítico de Peñas de Aya, conocidas posteriormente como las minas de Arditurri, y en las que los romanos extrajeron plata, plomo y minerales férricos, desde una red de varios kilómetros del subsuelo que causaron asombro a quienes comenzaron su exploración en los primeros años del siglo XIX. Un geólogo alemán, Juan Guillermo Thalacker, en 1803, hizo la primera descripción de las portentosas minas, y fue Thalacker el que afirmó que sus galerías -construidas con el método etrusco-romano conocido como cuniculus- habían sido excavadas por un mínimo de 400 mineros a lo largo de dos siglos de trabajo. 
Pero, tal vez, porque las minas de Arditurri se estuvieron explotando durante 2.000 años, y no se cerraron hasta 1984 (la última propietaria fue la Real Compañía Asturiana de Minas), esa sorprendente obra, y esa ignorada presencia romana, pasó socialmente desapercibida durante siglos. 
Mertxe Arteaga tiene el mérito, para la arqueología científica, de su descubrimiento de las minas romanas de Arditurri-Peñas de Aya -año 2012- en el contiguo municipio de Oyarzun, y la relación que existía en aquella época con el puerto de Oiasso. 
Gracias a su trabajo investigador y su capacidad para poner en valor el pasado histórico y arqueológico, se disolvieron errores y mitos arraigados tradicionalmente. Oiasso era tanto el nombre de un puerto ubicado en el actual Irún, como un asentamiento humano (Oyarzun, Oiasso), como pensaba Julio Caro Baroja. San Sebastián, la bella Easo (Oiasso), mantuvo como propia esa denominación prestigiosa, sin saber que ese locativo romano procedía de un lugar un poco más al Este. 
Pero lo más importante, en mi opinión, fue que sus descubrimientos arrumbaron un mito de larga historia en el País Vasco, a saber, que los romanos nunca vencieron a los vascos, y que por eso los vascos jamás fueron contaminados por la cultura latina, como les pasó a los demás pobladores de Iberia o de Hispania. 
Mertxe Arteaga, en la presentación del Museo Romano de Oiasso en Irún (otra iniciativa de ella), escribe que cuando comenzaron las excavaciones del puerto romano, un vecino les dijo que estaban haciendo un ‘disparate’, pues los romanos nunca habían entrado en Euskadi. Mertxe Arteaga, comentando ese arraigadísimo tópico cultural, ha dicho algo muy importante en este ambiente político y cultural de nuestros días: los vascos aprendieron de los romanos su civilización, y eso suponía asimilar sus técnicas productivas, pero también su higiene y su dieta, y gracias a ello fueron un pueblo que no desapareció culturalmente y socialmente como otros muchos pueblos, por ejemplo, los pueblos hispánicos que se extinguieron históricamente por su aislamiento o rechazo de la civilización romana. El idioma vasco, o mejor, sus distintas variantes del mismo, se mantuvieron gracias a que sus hablantes conservaron su cultura y su organización social porque fueron capaces de asimilar la cultura y la civilización de los colonizadores romanos. 
¿Qué cultura sobrevivió, la de Oiasso o la de Numancia? La reflexión de Mertxe Arteaga es, primero, un sólido argumento contra la moda actual de levantar fronteras y prohibir la libre circulación de los seres humanos; y segundo, con sus descubrimientos y opiniones se entierran definitivamente los tópicos de un pueblo vasco aislado de todos sus vecinos, castellanos, españoles y franceses (amén de moros y judíos), que fue la teoría favorable a sus privilegios hasta el siglo XX, y a partir de ese siglo, la justificación política del nacionalismo y del secesionismo. ¡Cognitio voluptatem!