NUEVO SURCO

Javier López


Carta a los Reyes en una botella

06/01/2021

Es hermoso escribir estos días una carta a los Reyes Magos, pero esta vez me he demorado, hoy es tarde porque Sus Majestades en el momento de publicar estas líneas se encuentran ya en plena faena y hasta recogiendo bártulos para marchar de nuevo al Oriente, hasta el año que viene. Les debemos tanto que si ellos no estuvieran con nosotros nuestra vida hubiese distinta porque radicalmente distinta hubiese sido nuestra infancia, que es desde siempre la madre de todas las patrias. Por eso los Reyes Magos son imprescindibles a la hora de comprender y comprendernos. Que ellos llenen de fantasía la noche del seis de Enero no es más que una parte de todo lo que aportan. Porque ellos nos dan alegría, vitalidad, donación de todo aquello que al final mantiene la vida en píe hasta en los peores momentos, como los meses vividos. Y lo saben.
El año que ha terminado, el 2020, sin duda ha sido un mal momento, tan duro como nunca antes lo hubiésemos imaginado, tan real como la vida misma. Por eso este año les necesitamos especialmente a los tres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Porque necesitamos que conviertan el incienso, el oro y la mira en el coraje, la alegría y la inteligencia que nos hará falta en los próximos meses para superar el bache en el que irremediablemente estamos metidos por culpa de un maldito virus que se ha introducido en nuestra vida por la puerta trasera y ha ocupado en un abrir y cerrar de ojos todas las estancias de la casa.
Lo saben, y llevan los tres trabajando sin descanso durante todo el año, desde que conocieron la mala noticia. Llevan todo el año pensando en la mejor forma de organizarse para ocupar su día grande en nuestra vida, este seis de Enero, con ese coraje, esa inteligencia y esa alegría que es la que nos van a dejar este año como regalo extra a todos nosotros, como país, como sociedad, como comunidad humana en aprietos. Regalo extra además del que cada uno les haya pedido para afrontar su circunstancia más personal. Coraje, inteligencia y alegría como combustible necesario para la reconstrucción
Ellos lo saben, y cuando estén de vuelta en sus palacios de invierno, vigilarán bien que hagamos buen uso del regalo extra de este año para que el año próximo, en esta misma fecha, podamos recibirlos como es costumbre, sin mascarilla y pleno pulmón para agradecerles todo lo que hacen por nosotros desde que forman parte de nuestra vida en el bello país de la imaginación. La estrella que a ellos les condujo hacia el Portal de Belén es la misma que a nosotros nos empuja siempre a seguir adelante hasta en los momentos en los que al cuerpo le cuesta más levantarse y el alma anda más mohína.
De manera que con todos esos conocimientos en sus sacos llenos de regalos y de sabiduría están visitando misteriosamente nuestras casas que en los últimos meses se han convertido en templos de la resistencia y en lugares más habitados que nunca. Lo saben y son conscientes que les hemos esperado con más ganas que otras veces para que al levantarnos ver que junto con lo que hemos pedido, ellos nos traen, además, ese coraje, inteligencia y alegría que son su oro, incienso y mirra para este tiempo doloroso y complicado.
Demasiado tarde para escribirles la carta. Se me ha pasado en medio del ajetreo, aunque ellos conocen mis deseos sin necesidad de que se los escriba y al levantarme me he encontrado debajo del árbol lo que más necesitaba. Les he vuelto a agradecer tanta bondad, y he decidido que voy a escribirles para que les llegue mi carta a su lugar de residencia en Oriente. La introduciré en una botella para que se la encuentren en la otra orilla del mar, en el país de los sueños, cuando estén de vuelta, y la guarden en el lugar en el que almacenan todos los deseos de todo el mundo, especialmente en un tiempo en que hemos vivido a resguardo, metidos en nuestra botella, que siempre quisimos que fuese transparente y dejará ver  al exterior cual eran nuestros principales anhelos en la dificultad. Escribiré ahora mi carta  a los Reyes Magos pensando en 2021 y les pediré que hagan todo lo posible para que en su próxima visita  podamos recibirles con una gran sonrisa y con el convencimiento de que la mala hora ya pasó y que estamos dispuestos a celebrarles como la primera vez que nos vinieron a visitar surcando los parajes de la imaginación y cubriendo de dicha una infancia que nunca queremos ver lejana, aunque nos cueste, porque en ella siempre estaremos esperándolos a ellos: Melchor, Gaspar y Baltasar.