Buenos Días

Antonio García-Cervigon


Nadal, el español inagotable

13/10/2020

En el prefacio del libro En defensa de España del historiador Stanley G. Payne leemos que «la Historia de España es de una singular riqueza. Ningún otro país tiene una historia tan rica en sus imágenes ni tan abundante en conceptos, mitos y leyendas. De entre todos los países occidentales, la de España es la historia más exótica, también la más extensa y extrema en su envergadura, tanto cronológica como geográfica». Hace tres años, en estas páginas, conveníamos que el citado autor describió que la envidia y desconocimiento han sido factores importantes en los recelos que la imagen de España ha proyectado al mundo en épocas de esplendor. 
Ayer, los españoles celebramos nuestra Fiesta Nacional, entristecida y afligida por culpa de la pandemia. Pero la victoria de Nadal en París y sus ojos llorosos mirando a nuestra bandera mientras sonaba el himno nacional llevó la emoción en millones de hogares con este gigante humano que hace posible que la mayoría de los españoles nos sintamos orgullosos de sus gestas y hazañas deportivas. 
Él hace posible que los españoles recobremos la esperanza real bajo los envites del COVID-19, a la que unimos los despropósitos y dislates que incurren cierta clase política, preocupada más por reventar y socavar los cimientos de nuestra Constitución, valedora del sistema democrático que ha traído paz y prosperidad a nuestro país a lo largo de 40 años de feliz convivencia. Hace ya doce años que en estas páginas escribíamos del tenista y los proverbios chinos, y redactábamos que después del baño de oro en el Olimpo de los dioses, la firma deportiva Nike regaló a nuestro deportista una camiseta para exhibirla ante el mundo, en la que figuraba signada con caracteres chinos el siguiente lema deportivo: «Cuanto más difícil es el rival, más dulce será la victoria». El joven español que ese año, 2008, también ganó Roland Garros, Wimbledon y la medalla de oro en los JJOO de China, había llegado ya a los niveles de mito y de leyenda. 
Uno escribió varias veces bajo titulares unos codiciados objetivos: ‘Nadalizar España’ o ‘Nadalizar a la Selección’ dirigidos a españolizar por el mundo a través del deporte practicado con tenacidad, esfuerzo y sacrificio. Hace tres años escribíamos también que los valores de Nadal exhibidos en las canchas deberían aplicarse como materia de aprendizaje en las aulas. El pasado año repetíamos con insistencia de él que era el mejor deportista español de todos los tiempos: una escuela de valores para todos que no encaja en la ley de Educación que quiere aplicar la ministra Isabel Celáa. Todos pasan, porque el esfuerzo y sacrificio inherentes a conquistar méritos académicos es una antigualla. Y en esas estamos.