PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Días de grullas

23/10/2020

Cada año espero el paso de las grullas y cada año me gusta más el oírlas llegar. Porque a las grullas se las oye primero, luego si uno sabe mirar se las encuentra en el cielo. Desde siempre, desde niño, sus clamores y sus formaciones en vuelo me mantienen con los ojos en lo alto y los oídos atentos y todos los años al divisar las primeras bandadas me levanta una sonrisa de bienvenida, de saludo y de alegría.
Sé lo que traen detrás, en la cola y sé de qué su apresuramiento en ir bajando cuanto antes hacia el sur indica que las nubes, el frío, las celliscas y cuando toque la nieve es que estar al caer. Y no fallaron. A finales de la semana anterior y al principio de esta aprovechando los cielos limpios y los soles amables comenzaron a ir llegando, una bandada tras otra, vienen desde su estación de tránsito, Gallocanta, no lejos de Molina, hacia Daroca, atravesando la sierra de Altomira y yéndose a perder primero buscando la depresión del Tajo y para avanzar después, hacia las dehesas extremeñas y andaluzas. Algunas se quedan también ya por aquí, por lagunas conquenses o llanadas manchegas si además tienen algún humedal cercano en el que dormir.
Pasaban rápidas y siguiéndose una formación a otra, hasta el atardecer y aún las oí incluso cuando ya abajo la oscuridad se había adueñado de las tierras. Por allá arriba ellas encontraban luces para navegar. Tenían prisa y el miércoles estuvo claro porque ya dejaban de pasar. La tormenta y los vendavales se apoderaron de todo el espacio y no era cosa de andar por ahí fuera y aún menos, ni siendo grulla, ponerse a volar. Más aún cuando en este viaje muchos son primerizos, pues la pollada del año afronta su primera travesía desde el lejano norte. Un reto de iniciación para los jóvenes que han de superar para convertirse en lo que son, las grandes y maravillosas navegantes de los cielos de Europa.
Me han alegrado las grullas y también lo han hecho las lluvias. Han llegado esta vez también puntuales y en el mejor momento. Para el monte y los bosques, para el romeral, las encinas y el robledal, pero también para las oliveras es el momento justo y el mejor. Esta agua de mediados y final de octubre es para la aceituna el necesario y ultimo regalo antes de madurar. Serán imaginaciones mías, pero yo creo que he visto a algún olivo sonreír al darle una soleadilla entre chaparrón y chaparrón.
Se que muchas y malas cosas están pasando y no nos van a dejar en paz. Se que les puede parecer ocioso el ponerse a hablar de grullas. Pero que quieren que les diga. Prefiero quedarme mirando sus bandadas y oír sus voces, que ponerme a escuchar los berridos de este o de aquel, a todas horas, y sin en realidad saber dónde se dirigen, por todas las teles y por cualquier resquicio por el que se pueden meter. Al menos las grullas si saben a dónde van y por qué.