Elisabeth Porrero


Doña Pilar, in memoriam

15/07/2020

Con el paso de los años este niño seguirá recordando a su maestra, mi amiga Prado, dado el cariño que se ve que le tiene.
Todos hemos tenido algún maestro o maestra que nos ha marcado para bien y cuyo recuerdo perdura en nosotros al cabo de los años. Y los que nos dedicamos a este mundo también recordamos a gran parte de nuestro alumnado aunque pase el tiempo y nos encanta que los chicos y chicas a los que hemos dado clase también nos guarden en su memoria.
Esto sucede con muchos de los hombres y mujeres a los que Doña Pilar Calatayud, fallecida la semana pasada, dio clase en nuestra ciudad. Varias generaciones de estudiantes asistieron a sus clases de literatura tanto en el Instituto como después en la Escuela de Magisterio, de la cual fue directora, teniendo además la cátedra de literatura.
Más de 40 años después varias de sus exalumnas recuerdan, sobre todo, el entusiasmo que transmitía en sus clases. Era una apasionada de la literatura y la conocía y enseñaba intensamente. Me cuentan que era muy exigente y perfeccionista, lo que era un claro reflejo de su entrega mientras enseñaba. Una de sus alumnas, Andrea, me cuenta cómo le gustó escucharla explicando a Quevedo y a San Juan de Cruz porque se notaba que a ella le encantaban. Asimismo me dice Andrea que ella, que había estudiado el bachillerato de ciencias, se alegró mucho, al disfrutarla como docente, de haberse cambiado a letras en la carrera.
Doña Pilar estudió en Granada, hace más de setenta años, en una época en la que algunos profesores intentaban desprestigiar a sus alumnas en clase, solo por el hecho de ser mujeres. Y los chicos que tenían novias que iban a la Universidad solían ser objeto de burla de sus amigos, que no se fiaban de las mujeres ‘listas’ porque preferían a las que se quedaban en sus casas. Épocas duras en las que esta profesora y otras poquísimas mujeres tenían que empezar a demostrar que eran muy capaces de hacer lo mismo e igual de bien que podía hacer un hombre.