EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


La malicia

04/02/2021

Escribe Zubiri que «el mal es una realidad que, en una o en otra forma, envuelve a los hombres y, en cierto modo, al universo entero». Para Zubiri, la malicia es la parte del mal más intransferible y personal de la maldad, vinculada intrínsicamente a las personas, con libertad para escoger entre el bien y el mal. Libres decisiones morales que, si se inclinan por el lado del mal, nos llevan a caer irremisiblemente en la categoría de la malicia.
Que el Hospital Enfermera Isabel Zendal haya regresado a la primera línea informativa debido a los sabotajes continuados que se han detectado, con diferentes desperfectos ocasionados de manera intencionada, es un hecho incuestionable de la malicia humana. En este caso vinculada al mantenimiento y la exaltación de una ideología que se erige a ultranza por encima de cualquier consideración ética.
Aunque la malicia también contiene grandes dosis porcentuales de imbecilidad, lo cierto es que, entre la caterva de cuentistas, vividores y actores, que ‘matan’ por no renunciar a sus cuotas de influencia, de pasta, de poder, por simple afectación sectaria ideológica, o por su naturaleza maliciosa, España se desquebraja en el continuo recuerdo de la realidad pazguata y analfabeta de los años treinta del siglo pasado, ahora que parecíamos despuntar del fracaso de la modernidad y la ‘Riña a Garrotazos’, de Goya.
La politización partidista de la lucha contra la pandemia por la Covid-19, hasta el punto de atentar contra un hospital público dedicado exclusivamente a atender a las víctimas de coronavirus, simplemente por no pertenecer sus promotores a la propia cuerda política, nos confirma que aquél ingenuo espíritu de concordia y consenso de la Transición, que parecía romper con siglos de estupidez cainita de las dos Españas, no era más que un espejismo, un dulce sueño en la siesta de una tarde de verano. Un trago de agua fresca en el botijo ibérico de pandereta, bolero y alpargata.
La eterna confrontación ‘troglodítica’ de izquierda y derecha, que sobre la base de cuestiones y estructuras sociales del siglo XIX, gestó el concepto de las dos Españas en las mentes y la pluma, entre muchos otros, de Larra, Balmes, Menéndez Pelayo, Maeztu, Ortega y Gasset, Unamuno, Maragall, Antonio Machado, Julián Marías, Umbral, Sánchez Dragó, Pérez-Reverte, o Santos Juliá, revive persistente en el tiempo, empecinada como justificación recurrente de la carencia de ideas y proyectos colectivos, enquistada en el barrizal del interés y la seguridad individual de la sopa caliente, el sueldecillo, el trinque o el pelotazo de siempre.
El egoísmo, como búsqueda excesiva del beneficio propio a expensas de los demás, el maquiavelismo, como actitud de control y manipulación insensible hacia los demás, junto con la desconexión moral, el narcisismo, el sadismo y la idiotez, conforman los pilares fundamentales de la malicia humana.