Elisabeth Porrero


Las voces salvadoras

24/02/2021

Hace años escribí un artículo sobre la película Gravity. Una de las escenas que más me impresionó fue cuando la astronauta, encarnada por Sandra Bullock, tras estar un tiempo sola y perdida en el espacio, logra conectar con una persona de la Tierra. Se trata de un pastor asiático al que ella ni conoce ni entiende, pero cuya voz le hace sentir rescatada y en casa.
Me ha vuelto a venir esa escena a la cabeza ahora, cuando he podido comprobar cuánto me han acompañado en estos días de enfermedad Covid las voces de familiares y amigos y cuánto bien me ha hecho escucharlas, a falta de los besos. Además mi voz era también, aparte de mi inmenso cariño, el único elemento que podía ofrecerle a mi madre, que pasó unos días ingresada. Con su teléfono no eran posibles las videoconferencias pero el oírla a ella y ella a nosotros aplacaba un poco la terrible sensación de soledad a la que condena esta enfermedad.
Tristemente nos estamos acostumbrando a vivir sin abrazos, besos, palmadas en la espalda, apretones de manos o gestos de cariño que tanto bien nos hacían. Tenemos que agarrarnos entonces a las imágenes y a la voz. Es lo que nos queda para estar cerca de las personas a las que no podemos ver, ni siquiera a dos metros.
Por eso es más importante que nunca escuchar y hablar por teléfono. Bendito invento. Aunque el tono que nos ofrece sea algo diferente al del directo. Pero ese sonido característico de cada uno de nosotros se hace más apreciado que nunca, ahora. 
Imagino, además de a las personas hospitalizadas, a los residentes de centros de mayores, soñando y esperando esas llamadas o videollamadas de sus seres queridos.  Los imagino soñando con escuchar esas voces tan amadas, mientras se acerca ya el momento de volver a verles presencialmente.
 Aunque sean una forma muy normal ahora de comunicación hay que incidir en que no siempre los wasaps, escritos, palian estas carencias y hay personas, sobre todo las mayores que los manejan peor. Por eso he dedicado este artículo a la voz. Como dice mi querido amigo, el poeta Paco Doblas, nos han quitado varios sentidos ya. El oído nos queda y nos ofrece cosas tan hermosas como las palabras de los demás, dichas como ellos las dicen.
Estoy muy agradecida por todas esas voces amigas que han estado ahí durante estos días. Imagino que hablo en nombre de tantísima gente que, habiendo pasado la enfermedad o no, se ha sentido muy sola sin abrazos y se ha sentido rescatada por esas palabras que le han dicho por teléfono.
No dejemos de hacerlo, de llamarnos, de poner audios, de regalar ese poquito más de nosotros mientras llegan los abrazos.