Desde mi ventana

Antonia Cortes


No a la violencia

25/06/2020

La violencia no se combate con más la violencia. Jamás estarán justificados los actos que incitan al odio y a comportamientos incontrolados para reivindicar o denunciar otros hechos por muy crueles que sean estos. Actuar como los que actuaron de forma mezquina, inhumana y  agresiva sitúan a todos en el mismo escenario de la brutalidad, aunque las magnitudes de los sucesos no sean comparables. Pero para eso están las leyes, para que los culpables sean juzgados y condenados y más cuando las pruebas están más que claras.

No se defiende lo que debe defenderse saqueando tiendas, porque detrás de esos negocios hay ciudadanos que no tienen la culpa de absolutamente nada, ni tampoco quemando contenedores, papeleras o incluso coches, porque los dueños quizá también son personas de corazón que impulsados por la injusticia, por el sentimiento de igualdad o por el rechazo a la prepotencia de la autoridad concreta también caminan por las calles para mostrar su solidaridad con unos y su repulsa hacia otros. Tampoco se defienden los ideales y los derechos de los hombres, negros, blancos, mulatos, con una u otra orientación sexual, creyentes, sea de la religión que sea, o no… con actos vandálicos que destrozan las ciudades y generan importantes daños económicos que pagarán sus habitantes. Gente desatada llena de odio y también con mucha ignorancia que se deja llevar por impulsos primarios carentes de razón. Pintadas rojas ¿reivindicativas? al anochecer o a plena luz de día en el mejor de los casos que dejan la marca de una venganza absurda; destrucción salvaje de determinados monumentos que quieren justificar el hoy borrando un ayer como si la historia si hiciera y deshiciera al antojo de cada quien. Así, no.

Mahatma Gandhi, aquel abogado y activista dirigente del Movimiento de Independencia de la India, decía que “la no violencia y la verdad son inseparables”. El defendió con todas sus fuerzas un país libre del dominio británico y lo hizo teniendo siempre como bandera la paz, esa no violencia por encima de todas las cosas.

De Martin Luther King, asesinado en Tennessee en la primavera de 1968, también aprendimos que se puede ganar sin ir a la batalla, y eso que le costó su propia vida. Su lucha contra el racismo, para conseguir que los afroestadounidenses tuvieran los mismos derechos civiles que los blancos, tuvo sus frutos, aunque quede todavía mucho camino por recorrer. Este activista, que un día tuvo un sueño,  también decía que “la no violencia no es pasividad estéril, sino una poderosa fuerza moral que se hace para la transformación social”.

Tomemos ejemplo y no hagamos de la violencia nuestra senda a seguir, porque en lugar de alcanzar los objetivos buscados nos iremos encontrando más y más rencores sin resolver, envidias y revanchas. Volvamos a la tolerancia, al respeto y a la confianza en la justicia para alcanzar una necesaria mejor sociedad.