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Ángel Villarino

RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Cayetana

19/11/2021

Va una confesión: a mí no me cae mal Cayetana Álvarez de Toledo. Es verdad que nunca se me habría ocurrido colocarla como portavoz de un partido político, pero tampoco se me habría ocurrido presidir un partido político. Las decisiones a varias alturas de irrealidad tienen estas cosas.
No estoy de acuerdo en muchas cosas con Cayetana Álvarez de Toledo y  me pueden llegar a empalagar los aires aristocráticos que coronan su larguísimo cuello. Pero tengo claro desde hace ya mucho tiempo que me gusta que haya gente así por el mundo, dispuesta a cargar de manera indiscriminada y salvaje contra todo lo que le rodea. El primo punk que revienta la boda y evita la catástrofe.
Tiene que haber más gente como Cayetana para hacer cosas como las que ha hecho Cayetana. Abundan más entre las clases altas y no es sencillo identificarlos: es importante que tengan las espaldas cubiertas económicamente, una trayectoria profesional que les permita entrar en los centros de poder para poder detonar desde dentro y una seguridad  blindada a prueba de dudas, algo que en castellano también puede definirse como 'arrogancia suicida'.
Son rasgos de carácter ásperos, de los que no quieres en un portavoz ni en un vecino de mesa en el curro. Pero que vienen muy bien para remover avisperos y reventar fosas sépticas tan hábilmente selladas como las de la política o el periodismo. Y hay una última cosa de Cayetana que me gusta: es una persona muy leída. En otra década y en otro Congreso de los Diputados quizá pasase desapercibido. Ya no: se ha convertido en una auténtica rareza.