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Juan Villegas

Edeumonía

Juan Villegas


La expulsión de la Ética

19/11/2021

Últimamente se  habla y se escribe mucho sobre la desaparición de la filosofía de las aulas de la ESO. Con la última reforma educativa, habrá alumnos, aquellos que abandonen sus estudios tras la ESO o que decidan cursar Formación Profesional en lugar de Bachillerato, que jamás habrán tenido contacto con la filosofía en un entorno académico. La reforma educativa en la que andamos metidos, que ofrece más que de sobra oportunidades para una crítica sería, no creo que tenga su punto más débil en la decisión de hacer desaparecer la Filosofía de cuarto de la ESO, entre otras razones porque vuelve a poner como obligatoria la materia de Historia de la Filosofía en segundo de bachillerato para todos los alumnos, obligatoriedad que había desaparecido con la ley anterior, la de José Ignacio Wert, para quien, posiblemente, la filosofía le parecía un lujo innecesario del que no deberían hacerse cargo los presupuestos del Estado, curiosa manera de pensar  que tampoco es nada extraña al Gobierno actual que da muestras una y otra vez de su pretensión de que las especialidades STEM (Ciencias, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas) vayan arrinconando poco a poco a las humanidades.
Otra cosa bien distinta es lo que ocurre con la preocupante desaparición total de la presencia de la Ética en estos niveles de obligatoriedad educativa. En los últimos años ha habido dos ocasiones en las que se ha estado a un segundo de llegar al ansiado consenso en educación. La primera vez fue siendo ministro de educación Ángel Gabilondo y, la segunda, cuando el  Ministerio de Educación lo dirigía Íñigo Méndez de Vigo, el primero, ministro de Rodríguez Zapatero, y el segundo, ministro del Gobierno de Mariano Rajoy. En ambas ocasiones el consenso desgraciadamente se frustró en el último momento poniéndose como excusas en las dos ocasiones (una vez los populares, la otra los socialistas) naderías, razones sin entidad, que en realidad ocultaban estrategias de oportunidad  e interés político. En estas dos ocasiones el acuerdo incluía la presencia de  Filosofía e Historia de la Filosofía en Bachillerato y de Ética como asignatura obligatoria para todos los estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria. 
¿Qué ha ocurrido entonces para que ahora no vayamos a tener una asignatura de Ética obligatoria en la enseñanza secundaria y ni tan siquiera como materia a cursar por los alumnos que no hayan elegido Religión? Por lo general, quienes suelen rechazar que se aborden públicamente las cuestiones éticas, lo hacen sobre la base de distintos tipos de argumentos. Unos, los neoliberales, porque piensan que la ética o la moral es un asunto que atañe en exclusiva a la vida privada de los individuos y que entre los asuntos que conciernen a la vida en común nunca pueden estar los referidos a las convicciones o principios morales;  otros, los que beben de las fuentes de la postmodernidad,  consideran que las cuestiones éticas son algo tan esencialmente relativas que no cabe, ni sería deseable, la posibilidad de llegar a descubrir, en materia de valores, principios o normas, territorios comunes, porque, según ellos, las acciones humanas solo brotan  del deseo y las apetencias y no del deber comúnmente aceptado. Ni qué decir tiene que para quienes se posicionan en ideologías a todas luces totalitarias todo aquello que pueda suponer libertad de pensamiento, juicio crítico, diálogo racional, supone un peligro que por razón de estado hay que atajar convenientemente, sin que quepa alternativa a la imposición y el adoctrinamiento estatal.  Ninguno  de quienes piensan de estas maneras  tendría el más mínimo interés en la existencia de una asignatura obligatoria cuyo objetivo es contribuir al fortalecimiento del esqueleto moral de los adolescentes. ¿Al lado de quienes están los que han tomado la decisión de hacer desaparecer la posibilidad de la reflexión ética en la enseñanza obligatoria? 
En los momentos actuales es muy preocupante que nuestros alumnos en ningún momento de su recorrido educativo entren en contacto con la reflexión ética desde un punto de vista filosófico y que no puedan configurar adecuadamente las estructuras de su identidad moral. Hasta no hace mucho, nuestra realidad social hacía posible la formación moral y ética de los individuos a través de la enseñanza religiosa con la que todos por razones culturales y sociológicas estábamos relacionados. Los procesos de secularización por los que ha transitado nuestra cultura han traído como consecuencia una cierta desmoralización de la ciudadanía al no ser convenientemente suplido el vacío que en el terreno de los valores ha dejado la desaparición de la religión. La filosofía en general y la ética en particular pueden contribuir al fortalecimiento moral de la sociedad  y sería un grave error dejar pasar la ocasión para corregir un decisión equivocada que podría acarrear en el futuro el agravamiento de problemas que cada día se constatan con mayor evidencia.