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El Papa que entusiasmó a España

Agencias
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Juan Pablo II visitó el país hace 40 años en una gira de 10 días que emocionó a todos, llenó estadios y celebró misas multitudinarias

Imagen de archivo del momento del discurso de bienvenida del rey Juan Carlos a Juan Pablo II, a su llegada al aeropuerto de Barajas, en 1982. - Foto: EFE

«Querido pueblo de España: ¡Alabado sea Jesucristo! Con verdadera emoción acabo de pisar suelo español. Bendito sea Dios, que me ha permitido venir hasta aquí, en este mi viaje apostólico». Así se presentó el Papa Juan Pablo II nada más bajar la escalerilla del avión en el aeropuerto de Barajas la tarde del 31 de octubre de 1982, hace 40 años, dando comienzo la primera visita de un Pontífice a España en 20 siglos de Cristianismo.

Fue el viaje más largo e intenso de Wojty?a? al país -posteriormente realizó cuatro más-. Durante 10 días, recorrió casi por completo la piel de toro, celebró Eucaristías, pronunció discursos, se reunió con laicos, religiosos, políticos y personalidades de distintos ámbitos, y España le acogió con entusiasmo, abarrotando plazas y estadios en misas multitudinarias. 

El viaje, que tuvo que ser retrasado como consecuencia del atentado que el Pontífice sufrió el año anterior en la Plaza de San Pedro, coincidió con la convocatoria de elecciones generales el 28 de octubre de 1982, hecho que provocó un nuevo aplazamiento.

La celebración del cuarto centenario de la muerte de Santa Teresa era la motivación de un viaje que debía comenzar el 14 de octubre de 1981, con la apertura del año jubilar. Pero el 13 de mayo de ese mismo año el Papa resultaba gravemente herido en un atentado y cancelaba su agenda.

Afortunadamente, una vez recuperado y a pesar de otros contratiempos menores sucedido en España, el Santo Padre pudo retomar su deseada visita a España.

La expectación de esta primera visita de un Papa a España, recién elegido un Gobierno socialista, era máxima y prueba de ello son los más de 2.000 periodistas acreditados ante la Conferencia Episcopal Española (CEE) que siguieron los pasos de Juan Pablo II por Madrid, Ávila, Salamanca, Toledo, Segovia, Sevilla, Granada, Zaragoza, Barcelona, Valencia y Santiago.

Testigo del momento fue María Luisa Martín, que en 1982 trabajaba en la oficina de prensa de la CEE y que fue la encargada de acreditar a los compañeros y acompañar al Pontífice, con quien viajó en el avión que le trasladaba de una ciudad a otra. «Fue algo impresionante, parecía un Mundial de fútbol», recuerda María Luisa, que tiene grabada en su memoria la Eucaristía por las familias cristianas que se celebró en el madrileño Paseo de la Castellana, el acto más multitudinario hasta ese momento en la historia de Madrid, y un encuentro con los jóvenes en el estadio Santiago Bernabéu.

Hasta las religiosas contemplativas, «que no salían nunca» del convento, en esa ocasión se saltaron la clausura.

Sin dormir

La visita del Papa a Toledo dejó sin dormir toda la noche al entonces seminarista Juan Díaz, hoy responsable de medios diocesanos de la ciudad y canónigo de la Catedral. «El día antes de la visita nos dimos cuenta de que no teníamos libro de firmas y me encargaron comprar uno y diseñar una orla para la primera página, acompañado de un texto en letra gótica. Así que esa noche me la pasé entera dibujado para que el Santo Padre pudiera firmar en el libro de honor», rememora.

Juan Pablo celebró una Misa en una gran explanada situada en un polígono industrial de Toledo al que acudió medio millón de personas, procedentes de toda la provincia, pues se había decretado ese día como festivo. «Movilizó la ciudad por completo», recuerda Juan, que relata cómo llegaron autobuses repletos de niños que venían de colegios y movimientos parroquiales.

Juan Pablo II volvió a España en otras cuatro ocasiones (1984, 1989, 1993 y 2003), pero el de 1982 fue el viaje más largo y hermoso de todos.