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Escolástico González

Fontanería Pública

Escolástico González


Los profesionales de la política no se ruborizan

28/02/2022

Hemos podido observar, con cierta vergüenza ajena, en los últimos días, cómo todos los dirigentes del Partido Popular giraban internamente, en un ejercicio lingüístico fácil y sencillo, sin rubor, a quienes detectan que tendrán el poder de designación para que los sigan incluyendo en la próxima lista electoral. Lo mismo sucedió en 2017 en el PSOE con todos los críticos a Sánchez cuando salió airoso de la involución. La profesionalización de la política, que no es mala, hace que los políticos mediocres solo consigan mantenerse en el poder mediante la adulación y el servilismo a quien les tienen que designar.
Lo sucedido esta semana pasada en el PP no ayuda a entender el funcionamiento de los partidos políticos y contribuye a una mayor desafección de la política y especialmente aleja al ciudadano, aún más, de la participación mediante el instrumento válido que existe en nuestro derecho electoral y constitucional: los partidos políticos. 
Mientras el elector solo tenga la posibilidad de votar una marca no cambiarán las estructuras de poder y quienes tienen la responsabilidad constitucional de la participación política, los partidos, no modificarán sus hábitos y modelos organizativos. Igualmente, se aleja de la participación en los procesos electorales para votar a cualquier partido con las actuales estructuras. La abstención y voto en blanco de las últimas elecciones fue de un 35 por ciento en España. Y, en Ciudad Real, para la elección más cercana, la de alcalde, rozó el 37 por ciento. Una abstención que siempre favorece a los partidos más populistas que sí moviliza a sus votantes. 
Después de 45 años de democracia, y, 37 desde la promulgación de la actual ley electoral, cada día se hace más necesaria su modificación para establecer un nuevo modelo de elección de representantes, tanto en el Estado como en Autonomías y Ayuntamientos, que permita poner fin a las prácticas actuales en los partidos y mejoren la calidad democrática, dando al ciudadano mayor relevancia.
La solución encontrada por muchos ciudadanos para refugiarse con su voto en la España Vaciada y en los nuevos partidos de ámbito provincial para manifestar la disconformidad con los partidos clásicos es una anomalía del propio sistema y de la ley electoral con el actual modelo de circunscripción. Muchos ciudadanos, que se sienten proactivos a la participación, eligen las asociaciones y las plataformas en el ámbito local o provincial para dar salida a sus inquietudes políticas ante la falta de empatía de los partidos. Pero eso solo genera a futuro una mayor fragmentación política de los parlamentos. Mientras no se acometa, de una vez por todas, la reforma de la ley electoral, el ciudadano seguirá alejándose de la política y especialmente de los partidos clásicos. Las actuales estructuras de poder, a modo feudal, contribuyen al deterioro del sistema y no sirven para arreglar el problema de fondo.
El sistema electoral, junto a las actuaciones de los partidos, son las principales casusas de la desafección política del ciudadano cuando observa cómo su voto queda relegado a otros intereses y se convierte en papel mojado, sintiéndose impotente ante un entramado electoral que termina con pactos en los despachos y anulando la voluntad mayoritaria de los electores. En repetidas ocasiones han existido intentos desde PP y PSOE para la reforma de la ley electoral, pero nunca ha sido posible. Todos quieren reformarla cuando están en la oposición, pero nadie lo hace cuando está en el poder. El sistema electoral, con la actual circunscripción, y el modelo de confección de listas, ya no sirve al ciudadano para creer en los partidos que le obligan a elegir exclusivamente entre marcas electorales. 
Hace falta una reforma de la ley electoral que elimine la exclusividad de las listas cerradas de los partidos, modifique el tamaño de la circunscripción electoral, permita listas abiertas, regule el juego de las mayorías simples y absolutas, con primera o segunda vuelta, si es preciso, para garantizar una gobernabilidad, castigue el transfuguismo, se decante por la elección directa de alcaldes y concejales y prime los resultados electorales sobre los pactos de partidos. Mientras no se modifique el sistema electoral los políticos no se ruborizarán y los partidos seguirán respondiendo a una organización feudal.