El vuelo más amargo

M. H.
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Rubén Olvera, hasta primeros de marzo, era el encargado del control y la fauna del aeropuerto de Ciudad Real. Tras doce años de alegríasy sinsabores, abandona las instalaciones con el orgullo «tocado»

El vuelo más amargo - Foto: Rueda Villaverde

Obama y David se hicieron famosos por ser los halcones pioneros en salvaguardar el espacio aéreo del primer aeropuerto privado de España. Señoriales, imponentes y atezados por unas plumas limpias y relucientes, estos ejemplares, junto a sus compañeros, se encargaron de poner territorio de por medio entre las aves que revoloteaban en los alrededores de Ballesteros y Villar del Pozo, incluidas las famosas avutardas, de la declarada Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA) del Campo de Calatrava, para que las aeronaves despegaran y aterrizaran sin temor a impactos. Ahora, uno de sus cuidadores y responsable del Control de Fauna del aeropuerto de Ciudad Real, Rubén Olvera, dice adiós a doce años de «trabajos y sinsabores» de un proyecto que emergió en 2008. Como Obama, prestando servicio en el aeropuerto de Bilbao, Olvera y su compañero más fiel, David, de 16 años, dejarán las instalaciones sin resentimiento, pero sí con cierta desilusión por una supuesta segunda vida de la infraestructura que no acaba de despegar. 

«Han sido muchos años luchando por este proyecto en varias etapas», relata. Su reciente salida no ha sido la que esperaba. Después de meses de impagos por parte de los gestores, Olvera emprende vuelo a otro destino. «Han sido momentos duros porque tuve que recurrir a la financiación para poder mantener la empresa. Y cuando reclamé el pago de la deuda me convertí en un problema. Sencillamente sacaron el servicio a concurso como respuesta a mis requerimientos e incumpliendo el contrato», se lamenta. 

Rubén Olvera entró en el aeropuerto con la firma Centro de Halcones BCN, de Barcelona, antes de que se abriera al tráfico. Desde entonces, ha ‘sobrevivido’ a todos los hitos y sinsabores de este proyecto, como el primer cierre, el concurso de acreedores, la adjudicación a CRIA y la reapertura. «Me voy triste y con nostalgia. Para volver a abrir el aeropuerto, todos los proveedores y trabajadores nos convertimos en una piña y en una familia para sacar adelante este proyecto ante las exigencias de AESA. Y lo conseguimos». Ahora, tras varios días ya fuera de las instalaciones, siente que se le ha dañado el «honor y el orgullo» por el esfuerzo que ha derrochado todo este tiempo por un proyecto que aún ve «con futuro, aunque algo dudoso por quién lo gestiona en estos momentos», advierte. El nuevo contrato «no cumple con todas las garantías de seguridad por el número de horas del servicio. Y eso me da pena y me deja el orgullo tocado». 

El vuelo más amargoEl vuelo más amargo - Foto: Rueda VillaverdeSu larga y dilatada trayectoria en estas instalaciones le permiten, como sus halcones, tener una visión privilegiada del pasado y futuro del aeropuerto de Ciudad Real. En la gestión medioambiental, el aeropuerto ha actuado «siempre de la forma adecuada.  Y desde el punto de vista de la fauna, se ha favorecido la cría y la reproducción tanto de las avutardas como de las gangas. «Sus censos han ido creciendo cada año natural». Respecto a los meses venideros, Olvera cree que el COVID-19 le ha traído bastante negocio al aeropuerto por el parking y mantenimiento de los aviones. Si se retoman los vuelos, «parte de ese negocio se perderá».

Sus halcones, en cambio, se han trasladado a otra de las empresas punteras en la necesidad del control de fauna en la provincia. Olvera Halcones ha conseguido mantenerse e incluso ampliar plantilla gracias a este contrato. «Mi ilusión era mantener estos dos trabajos de estas grandes infraestructuras, pero ahora, y aunque con nostalgia, soy feliz».

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