Héroes que sufren

C. de la Cruz
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Profesionales sanitarios del Hospital General Universitario de Ciudad Real relatan la agotadora batallacontra el coronavirus, una lucha que les obliga a ofrecer lo mejor de sí mismos a pesar del miedo y el dolor

Héroes que sufren

Ni dramatizan ni dulcifican la realidad que les ha tocado vivir, y sin embargo no dudan en señalar que están viviendo una batalla sin descanso. Debajo de las mascarillas, las pantallas, las gafas, los monos, las calzas… hay personas de carne y hueso que no sólo lloran cuando fallecen los pacientes, sino también cuando reciben el alta. No hay término medio en la batalla contra el coronavirus. Los profesionales del ámbito sanitario, acostumbrados a lidiar con lo más profundo de las entrañas, se sienten superados, pero en ningún momento se dejan vencer. Son nuestros héroes. 
José Antonio Cruz es celador en el Hospital General Universitario de Ciudad Real. Lo tiene claro: «Estamos una guerra, es algo que no habíamos vivido nunca». Por su función tiene una visión general de todo el complejo hospitalario. Conoce cada planta, cada pasillo y cada rincón de un lugar que considera su casa, la cual ha sido «mancillada». Un sentimiento que corroe, que se torna en «frustración» cuando «este bicho se va apoderando de todo el hospital, sólo hay enfermos y trabajadores».
Y no oculta que ha habido jornadas en las que todo se volvía negro, en las que «regresaba llorando a mi casa. Están habiendo muchos muertos». Ante el desgarro, unión. «A nivel humano vamos todos a una, hay una hermandad, una fuerza general y una energía que nos empuja hacia adelante». Tiene muy claro que todo pasará, que la pandemia tendrá un fin, como todo en esta vida, pero sólo espera que las cicatrices no sean permanentes. En el hospital ya no hay palabras: «Sólo hablan las miradas. Vamos con mascarillas y ya sabes lo que siente el compañero mirándole a los ojos».
Héroes que sufrenHéroes que sufrenUna lucha en el hospital y otra en el hogar. Los protocolos, a rajatabla. «Yo estoy llegando a casa tres cuartos de hora tarde por el ritual de desinfección, paso a paso, sin prisa y para hacerlo bien», y es que dejar el coronavirus fuera requiere un ejercicio máximo de concentración. Cualquier fallo es un riesgo potencial para los más queridos.
Muchas cosas han cambiado desde que el pasado 14 de marzo se dieran a conocer que habían fallecido las dos primeras personas en la provincia a causa del coronavirus. Ya no había vuelta atrás. José Antonio reconoce que «al principio había miedo, pero cuando llegas a las trincheras para hacer frente a balas invisible te pones un escudo emocional para ayudar a las personas». 
La actividad habitual del centro hospitalario se ha visto alterada;el curso habitual de los acontecimientos ha cambiado. El Jefe de Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica, Pedro Zorrilla, pone como ejemplo que nueve residentes han visto interrumpida su formación:«No han dudado en prestar su máxima ayuda en primera línea de fuego, no alcanzo a ver el modo de cómo seremos capaces de compensarles tan titánico esfuerzo».


Héroes que sufrenHéroes que sufrenOscuridad. El turno de noche arroja sombras, zonas de penumbra que llenan de intimidad el ambiente. Y en medio de la quietud las frases laceran. María Klett, a la que le embarga la emoción, relata cómo una paciente que trata de superar un ictus pregunta constantemente «¿dónde está mi hija?» , la cual no puede visitar a su madre al estar contagiada por coronavirus. La empatía es en muchas ocasiones mala pasajera en la profesión, pero es inevitable; «somos humanos». 
El pasado lunes fallecía en su planta, en Cardiología, una persona mayor a la que le tenía especial apego, lo que sumado al desgaste de la lucha contra la pandemia la ha dejado «muy triste y muy apagada. No quiero caer en la depresión». El dolor se filtra por muchos puntos. Echa de menos poder abrazar a su hija, que trabaja en otra planta del hospital, o no tener que correr directamente a la ducha cuando llega a su casa, donde el temor la invade por transportar con ella el coronavirus. Pero lo dice con rotundidad: «No tengo miedo, cuando eliges esta profesión es por vocación».
Facultativos, enfermeros, auxiliares, técnicos, celadores, cocineros, personal de mantenimientos, personal de limpieza, seguridad, administrativos, prevención de riesgos laborales, delegados, administrativos, telefonistas, administrativos... todos y cada uno de ellos forman parte de la solución. Sienten el cariño que cada día les llega a las 20 horas en forma de ondas sonoras, pero nunca será suficiente el agradecimiento a la profesión sanitaria, así como a las bomberos, policías, guardias civiles, agentes medioambientales, militares... Un aplauso infinito a todos los trabajadores que están en la primera línea de fuego. 


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Héroes que sufren - Foto: Fotos Rueda Villaverde