A la luz de La Dolorosa

M. Sierra
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A la luz de La Dolorosa - Foto: Pablo Lorente

La Perchelera estrena pertiguera. Patricia Lozano se convierte en la primera mujer en ocupar este cargo dentro del cuerpo de acólitos de la cofradía perchelera

Este año la Dolorosa de Santiago, que volvió a estrenar el viernes la agenda procesional de la Semana Santa de Ciudad Real, llegó a la calle sin su habitual pertiguero, pero con pertiguera. Su nombre, Patricia Lozano, que desde ahora será la encargada en la hermandad perchelera de  dirigir los ciriales que anuncia a la Dolorosa y de salvaguardar su llama.  
Lozano, a sus 17 años- este cargo suelen sustentarlos miembro de la juventud de la hermandad- , no tiene claro todavía qué será de mayor, bastante tiene ahora con pensar en sacar adelante el curso; pero sabe desde hace tiempo que quiere formar parte de la Semana Santa de Ciudad Real de la que ahora escribe sin saberlo una página de su historia al convertirse en la primera mujer que ejerce este cargo, algo que, asegura, «no se había planteado». Ella resume el cambio de una manera mucho más sencilla, sin batallas de géneros. «El chico que ejercía de pertiguero hasta ahora  ha conseguido convertirse en costalero y cuando nos preguntaron si alguien quería sustituirlo, nos presentamos varias del cuerpo de acólitos, y al final me lo dieron a mí por antigüedad en la hermandad», resume ajena a la revolución en femenino que ha vivido la Semana Santa de la capital en las últimas décadas y de la que se siguen escribiendo capítulos.  
A ella lo que le preocupa es «no fallar».  La  responsabilidad que trae consigo la pértiga «impone» -reconoce Lozano a La Tribuna a unas horas de que La Dolorosa haga su primera salida en la Semana de la Pasión de este año.  Y eso aun sabiendo de memoria lo que toca: «Organizar a los que llevan los ciriales -cuerpo al que ha pertenecido en los últimos cinco años-  y asegurarme de que estos no se apaguen». Lo primero, ayudada por la pértiga que  es la herramienta que se usa para avisar a los ciriales de que es el momento de moverse o de parar. Un aviso que llega en forma de golpe en el suelo. Y lo segundo, con un mechero de bolsillo.  
La llegada de Lozano al cuerpo de acólitos -monaguillos, incensarios y ciriales-, que son los encargados de acompañar a los pasos de los titulares y procurar el debido brillo al culto externo fue circunstancial, tras varios años procesionando como hermana de fila.  «Siempre quise formar parte de la hermandad del Perchel, así que mi madre me apuntó y salí con la Dolorosa desde muy pequeña». El problema vino unos años después, cuando por edad tuvo que empezar a procesionar con un capirucho que «me agobiaba, por la alergia» y le llevó a plantearse la posibilidad de dejar a su hermandad. No fue necesario. Planteado el problema, la cofradía le ofrecía formar parte de este cuerpo en el que ha aprendido en los últimos años la importancia de «iluminar a la Virgen», una llama que como pertiguera, ahora se encargará de cuidar.