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José Rivero

Doble Dirección

José Rivero


Informar y opinar

28/09/2022

En la previsible oleada informativa que se ha producido, tras la muerte de la reina Isabel II de Inglaterra, se han combinado piezas informativas impecables, que más allá de fervor monárquico o de la neutralidad republicana, tratan de ubicar un legado de 70 años con la imparcialidad debida y con la perspectiva necesaria: desde José María Ridao a Ignacio Peyró, desde Enric González a Rafa de Miguel han sabido reflejar el momento de su crónica, dejando a salvo sus opiniones, para dejar ver lo excepcional del momento que algunos han comparado con la también reciente muerte de Mijaíl Gorbachov, en lo que tienen las dos de clausura de un momento histórico, con otras miradas variopintas que beben en la hagiografía del bazar sentimental isabelino, cosa que se sabe de antemano, desde la lectura simple de los titulares. 

Hasta aquí todo comprensible y ello más allá de la instantaneidad de la información audiovisual que nos ofrecen los canales varios de televisión y radio, y que, por ello, generan otra visión menos reflexiva y más movediza por cambiante. Lo que resulta menos comprensible es lidiar con la disyuntiva camuflada entre opinión e información, para llevar las aguas a mi molino –que es, efectivamente el suyo de ellos– con la presunción de que son las aguas de todos. Y se pasa de una opinión propia –lo respetable que se quiera– a un supuesto informativo de escaso bagaje y de menos interés, para vender lo particular por lo general. Que es lo que, de un tiempo a esta parte, viene ocurriendo en opinadores supuestamente imparciales, que al final dejan ver el abanico de sus preferencias y de sus inquietudes propias. 

Eso es lo que realiza –con cirugía de matarife o de carnicero evolucionado– la afamada escritora y madre intelectual de Manolito Gafotas, Elvira Lindo, con su pieza de El País del 11 de septiembre, que denomina sarcásticamente Que Dios nos salve, parodiando el God save the queen de la monarquía británica, para arremeter contra «el papanatismo insoportable desplegado», se supone que por todos los medios en estos días. Y en esas comisuras del ridículo, llega a comparar el despliegue papanatas con un programa del corazón, llamado reiterativamente Corazón, en trance de desaparición. Que Lindo tenga ideas republicanas y sentimientos antimonárquicos es legítimo y comprensible, pero que trate de desviar el tiro de lo comentado, con una palabrería de secarral choni –coñazo, chanchullos y estética rancia–, le adjudica cierta incapacidad para leer e interpretar el presente. Por mucho que presuma de actualidad.