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Un problema silenciado

M.H. (SPC)
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Los medios de comunicación se hacen eco de la difícil situación del sector primario debido a la crisis y la guerra de Ucrania, pero poco se habla de otro conflicto que es crónico: la difícil convivencia diaria de los cultivos y las reses con la fauna

Un problema silenciado

Corren tiempos complicados. La crisis económica provocada por las restricciones en la pandemia se ha agravado con las consecuencias derivadas de la guerra en Ucrania. Y aunque ambas cosas han afectado a la sociedad en su conjunto, algunos sectores ya se encontraban en una situación delicada antes de todo ello. Es el caso de los agricultores y ganaderos, que se hallaban en plena movilización en calles y carreteras para exigir unas condiciones dignas de trabajo cuando el coronavirus nos encerró a todos en casa.

A día de hoy, más de dos años después, las circunstancias de estos profesionales no han mejorado; más bien al contrario: electricidad y gas por las nubes, combustibles con el precio descontrolado, fertilizantes disparados, piensos con un precio prohibitivo (y con incertidumbre por el abastecimiento)… Todos los insumos se han encarecido mucho -incluyendo plásticos, maquinaria y otros-, pero los precios que reciben los productores en origen no lo han hecho en la misma medida, a pesar de que la recién reformada Ley de la Cadena Alimentaria debería garantizar que se cubran los costes de producción. Ni siquiera parece que las ayudas que ha aprobado recientemente el Gobierno vayan a arreglarlo.

Por si todo esto fuera poco, agricultores y ganaderos se enfrentan diariamente a otro problema que, aunque tienen mucha menos repercusión en los medios de comunicación, para algunos de ellos es un calvario diario que no tiene un remedio sencillo. Se trata de la fauna salvaje: conejos, ciervos, jabalíes, lobos e incluso osos, buitres y meloncillos mantienen en jaque por toda a España a miles de profesionales del campo, que ven sus producciones amenazadas sin que puedan hacer nada y sin que las compensaciones que reciben -si es que reciben alguna- les solucionen la papeleta.

Un problema silenciadoUn problema silenciado - Foto: Alberto RodrigoCultum ha conversado con José Manuel Delgado, técnico de UPA que lleva muchos años lidiando con este problema. Esta organización agraria ha participado en el Grupo Operativo Preveco, recientemente finalizado, un proyecto que buscaba nuevos métodos para prevenir los daños del conejo en la agricultura. Según explica Delgado, tras tres años de trabajo con 70 agricultores, que probaron diferentes sistemas, se llegó a la conclusión de que la caza con hurón es la manera más efectiva de mantener controladas las poblaciones de este pequeño mamífero allí donde constituyen plaga. También se mostraron efectivos los vallados perimetrales y los ahuyentadores a base de ultrasonidos, aunque estos dos últimos métodos tienen un problema: el coste añadido.

Las conclusiones obtenidas en Preveco serán utilizadas en el recién comenzado proyecto LIFE Iberconejo, un programa que tiene como objetivo elaborar un mapa real de las poblaciones de conejo en España y Portugal para tratar de mejorar sus poblaciones allí donde escasean o directamente no existen al mismo tiempo que intentará gestionar sus poblaciones de la mejor manera posible en la áreas en las que causen daños. UPA colabora también en esta iniciativa, que surge bajo la coordinación de WWF.

Y es que el conejo es una especie crítica. Base de la cadena trófica en los ecosistemas mediterráneos, muchos depredadores emblemáticos de la Península dependen directamente de estos lagomorfos, como el lince ibérico o el águila imperial ibérica. Pasa algo parecido a lo que ocurre con el lobo: tiene que estar, pero controlado para evitar conflictos. El problema es que mientras puede estar ausente en una comarca, es posible encontrar cultivos devastados a pocos kilómetros de distancia; Iberconejo tratará de averiguar el porqué de esta desigual distribución.

Un problema silenciadoUn problema silenciado - Foto: Alberto RodrigoDelgado cuenta que hay zonas de Castilla-La Mancha, Castilla y León o La Rioja en las que los agricultores no tienen cómo enfrentarse a los daños, más allá de la ayuda que puedan prestarles los cazadores (en La Rioja han llegado a autorizar su caza nocturna, una medida extraordinaria que no se había adoptado antes en España). El técnico de UPA añade que, por si esto fuera poco, el seguro agrario no cubre daños en los lugares en los que estos se producen reiteradamente, con lo que los agricultores de las zonas más afectadas están indefensos y es imposible conocer el alcance real de los destrozos que se producen; por eso es tan importante que proyectos como Iberconejo salgan adelante y busquen soluciones. Además del cereal, otros cultivos sufren el azote de este animal, como es el caso de las vides, que son especialmente vulnerables en la época en la que nacen los primeros brotes, o los olivos y frutales, a los que es capaz de subirse para roer la corteza, lo cual debilita al árbol.

En este proyecto LIFE participan como socios 15 entidades de perfiles muy diversos y complementarios (desde WWF hasta la Real Federación Española de Caza) que buscan solucionar los problemas de gestión de la especie incluyendo todos los intereses y puntos de vista, mediante una estructura de gobernanza participativa. Ramón Pérez de Ayala, coordinador en WWF de la iniciativa, resume así el proyecto: «Iberconejo sentará las bases de la gestión a largo plazo del conejo de monte. Si bien no se puede pretender resolver los problemas complejos que afectan a la especie, ni esperar una recuperación global de sus poblaciones en el periodo que abarca el proyecto, la realidad es que sin las soluciones que va a desarrollar e implementar Iberconejo, tampoco es posible afrontar una gestión eficaz que permita mantener nuestros ecosistemas a la vez que se reducen los conflictos sociales asociados».

 

Otras especies.

El conejo es sin duda uno de los animales que más daños causa en la agricultura, pero no el único. El jabalí, en franca expansión desde hace lustros, es abundante en áreas en las que antes solo se le veía esporádicamente o directamente no existía. Esto ha multiplicado los siniestros en cultivos como el cereal, el girasol o el maíz, en el que se refugian, devorando las mazorcas, hasta que la cosechadora siega los últimos metros cuadrados de la parcela, explica Delgado. A pesar de que las capturas por parte de los cazadores crecen año tras año (como ejemplo, se pasó de poco más de 30.000 ejemplares abatidos en 1980 a cerca de 200.000 en 2007), sus poblaciones siguen medrando y lo mismo ocurre con los destrozos que provoca.

Aparte de devorar cosechas ya maduras, también ataca a las semillas recién sembradas (son característicos los surcos que realiza en busca de los granos de maíz) o emplea los campos de cereal o forraje para preparar sus parideras, tumbando cientos de metros cuadrados de cultivo. Para evitar esto, las comunidades autónomas en las que se producen daños, que son casi todas, autorizan por regla general batidas y esperas nocturnas fuera de la temporada de caza general, aunque ni aún así se ataja el conflicto.

Un problema silenciadoUn problema silenciado - Foto: RUEDA VILLAVERDEPrueba de ello es la solicitud de ASAJA en Castilla-La Mancha al Gobierno de esta región para declararla como comarca de emergencia cinegética para las especies de caza mayor hace escasas fechas. La organización agraria ha advertido de que en esta comunidad autónoma se han dejado de sembrar unas 40.000 hectáreas de girasol a causa de los daños de caza mayor en los últimos años y avisa de que la cifra irá en aumento si no se adoptan soluciones urgentes. Consideran que «no tendría mucho sentido que, por un lado, se promueva el potencial de producción agrario mientras que, por otro lado, se permite que esas siembras sean devoradas por las especies mencionadas».

Junto con el jabalí, otros ungulados también hacen daño a la agricultura. Aunque en menor medida, ciervos y corzos también pueden causar daños en diversas plantaciones. Estos últimos también se encuentran en proceso de expansión y constituyen un problema para viñas o girasoles cuando alcanzan altas densidades, cosa que ocurre en cada vez más zonas de España.

 

Carnívoros.

Pero no solo los herbívoros quitan el sueño a las gentes del campo. Muchos ganaderos de extensivo también viven atenazados por la fauna salvaje, sobre todo por el lobo. Hace unas semanas UPA publicaba un informe sobre la convivencia de la ganadería con los grandes carnívoros en Europa. El texto venía a decir que, con los niveles de protección (Directiva Hábitats, que cumple 30 años en 2022) actualmente existentes en la UE las poblaciones de algunas especies (lobo y oso principalmente, aunque también se contemplaba al lince europeo y al glotón, no presentes en España) se han recuperado y ahora esa misma normativa, que fue creada pensada para poblaciones escasas, impide su correcta gestión.

El lobo es un buen ejemplo. Al norte del río Duero, donde hasta el mes de septiembre estaba permitida la caza de este cánido, las poblaciones se han mantenido y han aumentado en las últimas décadas e incluso parte del excedente de ejemplares ha ido colonizando nuevos territorios de los que estaba ausente hacía muchos años, como es el caso de Ávila, Cáceres, Salamanca, Guadalajara, La Rioja o País Vasco. Delgado cree que ese control de población que ejercía la caza debe seguir realizándose, «ya sea por parte de los cazadores o de la administración, pero con garantía jurídica».

En cualquier caso, desde UPA, y también desde ASAJA, se pide que las indemnizaciones por los ataques de lobo cubran todos los daños, no solo los directos. «Aparte de los animales muertos en el momento, se producen abortos, ovejas o vacas heridas en el ataque que mueren días después por las infecciones y no se cuentan, animales que se pierden o mueren asfixiados si el ataque es dentro de la majada, merma en la producción de leche…», denuncia Delgado. «Todo eso no se indemniza y el ganadero debería verse compensado por ello».

La Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL) denunciaba a principios de esta semana el aumento de los siniestros en la Montaña Palentina con lobos implicados desde que se prohibió su caza. Manifiestan que «no se puede permitir esta situación por más tiempo. Los ataques continuados a las explotaciones ganaderas están poniendo en jaque a los ganaderos de estas zonas y muchos están empezando a abandonar la actividad por la presión a la que se están viendo sometidos». ASAJA en León reclamaba también el control poblacional del depredador por el aumento de episodios en la provincia, sobre todo en equino y vacuno. UCCL apunta que la modificación del estatus del lobo debe ir directamente ligado a que la administración ponga en marcha medidas e indemnizaciones a estas explotaciones ganaderas, al igual que las hay en el Sur del Duero.

En 2020, en España murieron más de 5.000 cabezas de ganado a manos (o dientes) de los lobos. No es complicado imaginar la cantidad de ovejas, cabras o vacas que sufrieron las consecuencias indirectas de estos ataques, consecuencias que corrieron por cuenta de los titulares de las explotaciones. Lo que Delgado quiere dejar claro es que «esto es un problema económico, pero también psicológico. El ganadero no quiere cobrar por animales muertos, quiere poder criar a su ganado tranquilo. Es duro levantarse cada mañana sin saber si vas a encontrar un ternero destrozado».

Ante el anuncio del Ministerio para la transición Ecológica de los requisitos necesarios para cobrar las indemnizaciones, Delgado pide flexibilidad, «porque no todas las explotaciones son iguales y no en todas se pueden adoptar las mismas medidas. Hay cabañas que no es posible recoger por la noche, en otras no es práctico tener mastines… No es lógico pedir lo mismo a todos».

Pero los lobos no son los únicos carnívoros que acechan al ganado. El oso en la Cordillera Cantábrica también protagoniza ataques frecuentes a rebaños y colmenas. El meloncillo en Salamanca provoca daños a ovejas y terneros. El zorro llega a atacar a hembras parturientas. Y los buitres, faltos de alimento, también se lanzan en grupo contra hembras que están dando a luz.

Las indemnizaciones por estos ataques al ganado son desiguales. Cada comunidad autónoma tiene sus normas. Un ejemplo son los daños por buitres, de los cuales el Gobierno regional se desentiende en Castilla y León, mientras que en otras comunidades como Madrid, Castilla-La Mancha o País vasco sí están contemplados. En lo que coinciden todas las organizaciones agrarias es en que las compensaciones deben ser rápidas y adecuadas a la pérdida sufrida, incluyendo el lucro cesante, para que la ganadería extensiva no se convierta en un recuerdo en muchas comarcas de España.

ARCHIVADO EN: UPA, Sector primario