Una segunda ola del COVID "será culpa de la conducta humana"

Pilar Muñoz
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Vicente Notario, científico ciudadrealeño y catedrático de la Universidad Georgetown (EEUU), cree que el sistema acelerado para aprobar tratamientos contra el coronavirus podría aplicarse a los fármacos contra el cáncer

Vicente Notario, científico y catedrático de la Universidad Georgetown (Estados Unidos) - Foto: Patricia Becerra

Vicente Nonario nació en Ciudad Real en 1952, cursó la carrera de Biología en Salamanca (Premio Nacional de Fin de Carrera y Medalla al Mérito Académico). Se especializó en Microbiología Bioquímica. Es doctor en Biología por la Universidad de Salamanca (1977) y en 1978 marchó a la Universidad de Cambridge  (Inglaterra). En 1980 ingresó en los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), en Estados Unidos, para ampliar su formación. Es catedrático en el Departamento de Radiobiología Oncológica y en el Departamento de Bioquímica y Biología Celular y Molecular de la Universidad de Georgetown. Consiguió establecer su propio equipo en el Centro de Cáncer 'Lombardi', dentro del Centro Médico de la misma Universidad. Es hijo de un alumno de Santiago Ramón y Cajal, quien insistió en el regreso de Juan Negrín a España para ponerse al frente del Laboratorio General de Fisiología. La Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas instituyó un premio con el nombre de este científico nacido en 1892 en Las Palmas de Gran Canaria, que en su novena edición ha recaído en el doctor Vicente Notario. 

 

Es fisiólogo e investigador del desarrollo tumoral en la Universidad Georgetown, ¿desde cuándo?
No soy fisiólogo en sentido estricto. Mi formación fue como microbiólogo, pero en el fondo todos los que estudiamos aspectos funcionales de la vida de un ser vivo somos fisiólogos. Prefiero decir que soy biólogo, y llevo en la Universidad de Georgetown oficialmente desde diciembre de 1986, aunque estuve colaborando con colegas de allí desde 1983.
Recientemente ha sido distinguido con el Premio Juan Negrín que otorga la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas por la "excepcional calidad" de su labor y sus virtudes humanas ¿Qué ha representado para usted este premio?
Cuando representantes de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas me hablaron por primera vez del 'Premio Juan Negrín' me dijeron que, además de la calidad científica individual, principalmente se otorgaba a científicos españoles en el extranjero por su labor en la formación de jóvenes científicos españoles en sus laboratorios. En ese sentido, es cierto que a lo largo de los años he acogido en nuestro grupo de investigación a numerosos españoles que se encontraban en  distintos niveles de formación teórica y práctica en el camino hacia la culminación de sus carreras científicas, e incluso a científicos básicos y clínicos establecidos, procedentes del CSIC o de centros de investigación de varias regiones autonómicas y profesores de diversas Universidades públicas y privadas. Como le dije a la Fundación Juan Negrín, en el balance final es claro que haber podido contribuir a su formación científica y a su desarrollo profesional, e incluso personal en más de un caso, es el aspecto de mi trayectoria profesional del que me siento más satisfecho y orgulloso”.
¿A cuántos jóvenes ha formado en su laboratorio?
Si contamos todos, en todos los niveles, desde Bachillerato, pasando por la carrera, el doctorado, el postdoctorado y jóvenes (y no tan jóvenes) profesionales, creo que en mi último recuento eran alrededor de 78 desde 1987; o sea, un promedio de 2,5 por año, aunque hubo temporadas en que, incluyéndome a mi, llegamos a ser 6 españoles en el grupo. Hicimos muy buena ciencia, y lo pasamos genial.
Su padre era médico, muy reconocido y respetado en Ciudad Real, ¿por qué se inclinó usted por la Biología en lugar de la Medicina? 
Siempre me atrajo más la investigación básica, lo de descubrir cosas nuevas, que la práctica clínica. Desde el Bachillerato yo estaba más metido en el área de la Historia Natural, y me encantaban los 'bichos', las plantas, el comportamiento animal, la ecología y otros aspectos de lo que yo he llamado después "macro-biología". Además, en aquellos momentos no tuve oportunidad de introducirme en el mundo de la investigación clínica. En mi entorno, a los médicos como mi padre no les quedaba tiempo para hacer investigación después de pasarse los días, y muchas noches, visitando y cuidando a los pacientes. 
Fue discípulo de Ramón y Cajal.
Y tan pronto manifesté interés en la investigación científica, mi padre me recomendó que leyera el libro de don Santiago titulado 'Los Tónicos de la Voluntad: Reglas y Consejos sobre Investigación Científica'. Su lectura me estimuló y me hizo ver la utilidad social de la investigación. 
¿Y qué le llevó a especializarse en microbiología bioquímica?
Cuando estaba en el tercer curso de carrera (entonces eran cinco), el doctor Julio Rodríguez Villanueva me invitó a unirme a su Departamento (Microbiología), en el que se integraba también el Instituto de Microbiología Bioquímica del CSIC, y ahí descubrí un  mundo completamente nuevo para mí, que me sedujo casi instantáneamente.   
La investigación le condujo hasta Estados Unidos, ¿cómo fueron los inicios? 
Vine todavía como microbiólogo especializado en temas relacionados con la regulación del crecimiento y la morfogénesis celular, utilizando levaduras como modelo experimental. Los inicios fueron fáciles porque ya manejaba el inglés después de dos años en Cambridge, y ya tenía experiencia suficiente como para que me considerasen experto en el tema. Pero estando ya aquí comprendí que, en realidad, el cáncer no es sino una enfermedad que afecta negativamente a la regulación del crecimiento de las células humanas, y que su estudio tendría implicaciones mucho más relevantes para la salud humana que las que podría tener el estudio de las levaduras (excepto por la posibilidad de mejorar la producción de el pan y la cerveza…). Así que decidí cambiar de orientación temática. 
¿Qué le sorprendió de este mundo?
Imagino que se refiere al mundo de la investigación en Estados Unidos. Al principio, lo más sorprendente fueron las diferencias entre cómo se hacía la investigación en España (con tremendas limitaciones en cuanto a dotación), e incluso en Inglaterra (en que lo de hacer investigación parecía ser una dedicación de lunes a viernes). En EE.UU los presupuestos eran tremendamente superiores, y se vivía para trabajar y publicar los avances científicos lo más pronto posible. 
Han sido más de cuatro décadas en Estados Unidos, ¿cómo han sido estos años, cuál es el mayor aprendizaje?
Aparte de aprender todo lo que era nuevo cuando cambie al tema del cáncer, y de aprender a vivir y trabajar en este ambiente tan diferente, he tenido que aprender mucho sobre interacciones interpersonales (no quiero usar la palabra 'política') a nivel profesional, y sobre cómo ser director de grupo (no me gusta la palabra 'jefe'), pensando siempre en que en mis manos tenía el futuro profesional de mucha gente joven, muy valiosa, a quienes había que empujar para que en el futuro pudieran hacer contribuciones científicas importantes, aunque no tuviesen lugar en mi propio laboratorio, sino más tarde, cuando ellos llegasen a ser independientes. 
Su campo es el cáncer. Llevan años investigando, pero sigue siendo muy alta la tasa de mortalidad. En España muere mucha gente entre los 55 y 65 años y la sensación es que contrae la enfermedad más gente y muere en dos o tres años. ¿Es una realidad o sensación?
La situación varía de unos países a otros, de unos tipos de cáncer a otros, y entre géneros. Por ejemplo, en Estados Unidos, desde que se han registrado datos de incidencia y mortalidad, el número anual de muertes por cáncer subió constantemente hasta 1991, y a partir de entonces ha ido  descendiendo de forma continua hasta 2017, lo que se traduce en un descenso global del 29%, y en 2,9 millones menos que si la tendencia a subir se hubiera mantenido después de 1991. En España, según datos recientes de la AECC, la situación parece un poco diferente, porque el descenso global se contrarresta con el incremento de casos, y muertes, provocados por determinados tipos de cáncer, como ocurre con el cáncer de pulmón en mujeres.
¿Cómo va a la investigación? ¿Cuáles son los últimos avances?
La investigación va muy bien tanto a nivel básico, con avances en estudios de epigenética, inmunoterapia, microbiota humana normal, microbiota tumoral y otros, como a nivel clínico (nuevos fármacos, uso de fármacos ya autorizados para otras enfermedades, las terapias dirigidas, el tratamiento con protones en radioterapia, células CAR-T, y otros avances). El tiempo que tarda un nuevo avance desde el laboratorio en llegar hasta la clínica sigue siendo largo, pero el sistema súper-rápido en que se está avanzando con posibles tratamientos y vacunas contra el coronavirus pueden servir como un gran modelo a seguir para acelerar la autorización de nuevos tratamientos contra el cáncer. 
¿Qué factores aumentan las probabilidades de tener un cáncer?
Excepto por lo que se refiere a un porcentaje muy bajo de tipos de cáncer que tienen un componente genético, la inmensa mayoría de los casos de cáncer son de tipo esporádico, con una etiología de naturaleza ambiental. Alteraciones provocadas en las personas por cambios en el ambiente extrínseco (luz ultravioleta, polución, tabaco, ciertos herbicidas, radiación de varios tipos, infecciones bacterianas, virus, etc.) o en el ambiente intrínseco (su propio metabolismo, su sistema inmune, etc.) pueden favorecer el desarrollo del cáncer. Cualquier desequilibrio ambiental puede aumentar la probabilidad y, por eso, hay que evitar comportamientos y hábitos que favorezcan ese desequilibrio. Mantener una dieta equilibrada, no fumar, no exponerse a la luz ultravioleta en exceso, prohibir el uso de herbicidas, disminuir las emisiones de coches, controlar el vertido de residuos de fábricas y otras acciones similares contribuyen claramente a disminuir la probabilidad de tener cáncer. 
Aparte de la temida quimioterapia y radioterapia, ¿hay nuevos medicamentos con menos efectos secundarios?
Más que de medicamentos concretos, yo hablaría de avances como las nuevas formas de tratamiento con radiación, que permiten dar dosis más altas y de manera muchísimo más precisa que antes, provocando por lo tanto menos efectos dañinos a los tejidos normales; la utilización de inhibidores y anticuerpos en terapias dirigidas contra dianas moleculares específicas, en lugar de los compuestos de alta toxicidad utilizados en protocolos de quimioterapia convencional, y los avances en inmunoterapia (Células Car-T, y otras). De todos modos, conviene darse cuenta de que la respuesta a posibles efectos secundarios varia de unos individuos a otros (hay personas que la quimio les cae como si se tratase de agua bendita, mientras otras se ponen a morir), y se están tratando de poner a punto pruebas rápidas para poder saber a priori qué tratamiento sería mejor tolerado por unos individuos u otros. 
¿En qué está trabajando? ¿Qué investigación llevan a cabo y cuál es el avance?
Seguimos estudiando mecanismos moleculares de transformación celular, con un enfoque especial en entender aquellos que puedan conducir a sensibilizar tumores de varios tipos a tratamientos con quimio-, radio-, o inmunoterapia, con la idea de poder reducir la dosis de esos tratamientos, lo que disminuiría a su vez los efectos secundarios, sin que disminuya la efectividad terapéutica de los mismos.
El pensamiento generalizado en España es que la investigación está peor que en el resto de Europa y EE UU. ¿Es así?
Hay que distinguir entre los aspectos de calidad y de cantidad. Hay grandes científicos haciendo muy buena ciencia en España, comparable a la que se hace en el resto de Europa o de EE UU. Desafortunadamente, como ha venido pasando casi desde que yo tengo 'uso de razón científica', en España no se dedica a la investigación un presupuesto que permita que el nivel global de la ciencia española pueda competir con los niveles de otros muchos países.  
Antes ha nombrado al terrible coronavirus en relación a vacunas. Hemos sufrido y seguimos sufriendo los efectos de este 'bicho' y Mariano Barbacid (usted formó parte de su equipo) criticó que no se pudiera investigar durante la pandemia, pero sí realizar actividades no esenciales como la construcción ¿es de la misma opinión? ¿Cree como él que se deberían haber abierto los centros de investigación? 
Los ambientes en que se llevan a cabo actividades relacionadas con la construcción y aquellos en que se desarrolla la actividad investigadora no son comparables, desde mi punto de vista. No sé exactamente los términos del cierre de laboratorios en España y, por tanto, no puedo opinar. Pero puedo explicar lo que se ha hecho aquí (Estados Unidos), que a mi modo de ver ha sido prudente y acertado. Los centros de investigación, incluyendo los Institutos Nacionales de la Salud, uno de los centros de mayor reputación en el mundo, se cerraron a mediados de marzo, dejando solo que siguieran trabajando aquellos investigadores que tenían proyectos que sería mucho más costoso (en tiempo y en dinero) no terminar que repetirlos más adelante. Mi laboratorio lleva cerrado desde entonces. Y es ahora cuando se está permitiendo volver de forma escalonada, siempre dando preferencia a la seguridad de las personas, controlando el porcentaje de individuos trabajando simultáneamente en los laboratorios, y realizando pruebas de coronavirus antes de regresar, pruebas adicionales posteriores con periodicidad establecida, y usando sistemas digitalizados (Apps) de seguimiento. 
Desde su óptica de investigador, ¿cómo está la situación? ¿Puede ocurrir lo mismo que a principios del siglo XX con la gripe (1918), qué dos o tres meses después el 'bicho' sea más agresivo y muere más gente?
Creo que no. El conocimiento básico y los avances tecnológicos con los que contamos hoy son muy superiores a los de 1918. Si ocurriese algo parecido, sin duda sería por culpa del propio comportamiento humano, no poniendo la seguridad y la ciencia por encima de otros intereses y objetivos de carácter socio-económico y/o políticos.
Parece que, proporcionalmente, aunque el número de casos sigue aumentando (más en unas zonas que otras), el número de muertes no llega a los niveles de hace unos meses. 
Si se siguieran las tres reglas clave de lavarse las manos, usar mascarillas y mantener la distancia interpersonal, el presente no habría llegado a ser lo que es, y el futuro que queremos llegaría antes. Desafortunadamente, el sentido de responsabilidad social de muchos, particularmente de los jóvenes, es casi inexistente, y sus comportamientos insensatos no permiten que la curva se mantenga lo más plana posible durante  el tiempo necesario que realmente permita volver a una forma de vida más normal que la actual.  
¿Qué se necesita para combatir el virus? ¿Y qué necesitan los científicos como usted? ¿Por qué no se les dota de los medios necesarios?
Hay muchos científicos suficientemente dotados para llevar a cabo la investigación necesaria para conseguir algo esencial: conocer el virus, y conocer la enfermedad (COVID-19). Un mejor conocimiento del virus va a permitir el desarrollo de tratamientos cada vez más eficaces para combatirlo, y el conocimiento mejor de la enfermedad va a permitir la utilización de protocolos clínicos más directos para tratar las diversas manifestaciones y cuadros clínicos. 
Y ¿para cuándo el regreso a España? 
Cuando vivían mis padres procuraba venir siempre que se podía. Cuando me invitaban a participar en un congreso pedía entrar en Europa por Madrid porque en un santiamén estaba en casa (Ciudad Real) y podía ver a mis padres, hermanos y saludar a la vecina de enfrente (la casa familiar está frente al camarín de la Virgen del Prado). Hace dos años estuve para apadrinar a mi hermano Antonio en su ingreso en el Instituto de Estudios Manchegos como consejero de número. Y ya estamos preparando una reunión para 2020.
Se echa mucho de menos la tierra, a la familia...
Si, mucho. A ver si el coronavirus nos permite pronto viajar para pasar unos días en Ciudad Real con la familia.