Juventud para una ciencia más igualitaria

Hilario L. Muñoz
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Siete científicas jóvenes de la UCLM, desde estudiantes en su primer año a investigadoras postdoctorales, muestran que hay un escalón en el mundo académico donde ya hay cierta igualdad. Se trata del espejo en el que mirarse las próximas generaciones

Juventud para una ciencia más igualitaria - Foto: Tomás Fernández de Moya

En España hay más catedráticos que catedráticas y más investigadores, en masculino, que investigadoras, al menos cuando se estudian los avances en cualquier nivel educativo. Se trata de dos cifras que hoy, como cada 11 de febrero, se recuerdan con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una celebración con la que se pretende alcanzar la participación plena y equitativa en la ciencia de la mitad de la población mundial. «La jornada sirve para que los niños y niñas tengan otros referentes que en libros y en la televisión no van a obtener», recordó la investigadora Alicia Flores, quien apuntó que se trata de que se pueda ver durante un día a las científicas «como personas reales y normales» algo que puede inspirar a otras.
Flores es una de las siete investigadoras menores de 35 años que La Tribuna ha reunido para explicar el escalón de la investigación en la que se puede hablar prácticamente de igualdad real sobre las cifras. Es casi el escalón más bajo, el que va desde las estudiantes en primer año al postdoctorado. En cifras del curso 2018, en la UCLM había 196 catedráticos mientras que eran 47 las catedráticas, una diferencia de uno por cada cinco. Igualmente hay 393 profesores titulares por 263 profesoras como funcionarias. Se trata de diferencias de sexos que desaparecen al observar el nivel de los contratados doctor, los ayudantes doctor o colaboradores donde hay 292 hombres y 297 mujeres, en datos de la UCLM. «Creo que la diferencia principal está a nivel superior cuando accedes de titular a catedrático y encuentras obstáculos mayores», explica Flores. Entre esas dificultades hay aspectos como la maternidad, que, hasta ahora, podría quitar puntos al solicitar proyectos, ya que mientras se está de baja «no se está investigando y se va perdiendo el fuelle que tienen los compañeros».
En el grupo de investigación de Flores se encuentran Sandra Villar y Verónica Astillero, dos jóvenes de 26 y 27 años, que ven esa igualdad en los laboratorios desde que entraron. «Si algo te gusta de verdad vas a poner tus fuerzas y ganas en conseguirlo, así que da igual que sea difícil porque lo vas a lograr», explican cuando se le pregunta cómo se llega a ser investigadora, algo que se piensa desde que se entra en una carrera, argumenta Astillero. En su caso desde el inicio quiso estudiar enfermedades degenerativas y poner su semillita en la solución a estas enfermedades. 
«Yo desde pequeña lo tenía muy claro, cuando vi los laboratorios me encantaron y me dije que quería ser científica», explica Alicia Jiménez, que a sus 21 años y aún en el grado tiene su primera beca. «Yo no he tenido diferencias con los chicos y he tenido facilidades plenas para incorporarme al grupo», señala.
«Se avanza lentamente pero con el tiempo habrá igualdad», explica Cristina Martín, investigadora con contrato postdoctoral, quien señala que la igualdad llevada al extremo implica que ya hay convocatorias donde en «igualdad de puntuación entre chico y chica se escogerá a la chica». En el caso de esta investigadora, como en el resto señalan que en España más que una diferencia sexual para dedicarse a la ciencia ahora mismo influye «la cultura que se tiene y el ambiente familiar». 
Se trata de aspectos que puede explicar Bibiana González, investigadora postdoctoral y procedente de Méjico, quien señala que en su cultura hay algunos niveles sociales «donde se ve mal» que una mujer se dedique al estudio. Su caso particular, porque por su familia no tuvo problema, pero sí cuenta en su haber con «una amiga muy cercana a quien su padre veía mal que estudiara». Por este motivo es por el que  es importante visibilizar que hay mujeres en la ciencia, para que estas jóvenes investigadoras sean las referentes de las futuras científicas, al igual que para ellas lo fueron «Marie Curie, Margarita Salas, Jane Jacobs» o sencillamente «las profesoras» que les han dado clase y que con su cercanía y su ejemplo de mujeres científicas de carne y hueso les han hecho optar por la ciencia como carrera.