"El miedo me podía, hacía conmigo lo que quería"

Pilar Muñoz
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Mantiene la acusación contra su expareja, quien sostiene que las relaciones sexuales y vídeos pornográficos eran consentidos y que fue ella la que le buscaba pese a la orden de alejamiento

"El miedo me podía, hacía conmigo lo que quería"

«Estaba atrapada, el miedo me podía y hacía conmigo lo que quería» porque «utilizaba a mis  hijas» para coaccionarla con la amenaza de hacerles llegar unos vídeos de contenido sexual, pornográficos grabados mientras mantenían relaciones sexuales. Así lo declaró ayer en la Audiencia Provincial de Ciudad Real la mujer que ha sentado en el banquillo a un hombre con cargos muy graves que le pueden costar 18 años y seis meses de cárcel si el Tribunal considera probado que es autor de los delitos que se le imputan: agresión sexual (violación), quebrantamiento de orden de alejamiento, revelación de secretos y conducción temeraria (huida antes de ser apresado).

El acusado lo niega y no alcanza a entender porque le odia tanto. Ramón de la R. T., de 58 años, aseguró ayer en la primera sesión del juicio que se sigue en la Audiencia que las relaciones eran consentidas, como también los vídeos  grabados. «He cometido muchos errores en mi vida, pero jamás amenazaría a sus hijas», declaró el encausado que cuenta con múltiples antecedentes penales, casi todos por drogas, algunos cancelados y otros susceptibles de ello.

Ramón de la R. T. sostuvo que la denunciante, con la que mantuvo una relación sentimental de algo más de un año, «miente» y con soltura trató de desmontar su versión. «Las relaciones y vídeos se hicieron con consentimiento de los dos. Quedábamos y hacíamos lo que surgía, como cualquier pareja», declaró para, a renglón seguido, aseverar que la mujer era consciente de la grabación de los vídeos de contenido pornográfico. Hay más de nueve, en algunos le puse la cámara en la cara y ella lo está viendo perfectamente. Me pedía que se los enviara y así lo hacía». Llegado a este punto dijo que no quería entrar en más detalles porque «no quiero ir contra la víctima». Declaración que no pasó por alto la abogada Luisa Fernanda Álvarez, que ejerce la acusación particular en hombre de la denunciante. La letrada abrió su turno de interrogatorio preguntando al procesado si se refería a Juliana, si la consideraba víctima, es decir, si admitía los hechos denunciados, sin obtener respuesta. Fue el único momento en el que Ramón de la R. titubeó, no supo responder y sólo acertó a reiterar que la denunciante y él mantuvieron una relación normal de pareja. Tampoco  supo qué decir respecto a las lesiones por las que la víctima acabó en el hospital (junio de 2019). A consecuencia de estas heridas se abrieron unas diligencias en el Juzgado de Tomelloso contra el acusado, dictándose una orden  de alejamiento que se saltaron los dos.

 Él alega que no tenía conocimiento de esta orden porque estaba en paradero desconocido y no le llegó y ella lo justifica por el miedo que le tenía a él y a su familia.

La denunciante pasó por varias casas de acogida de la provincia y región y «él siempre me encontraba» y la obligaba a ir a hoteles y hostales de Ciudad Real capital y provincia para mantener relaciones sexuales. El abogado Pedro Román, que defiende al acusado, le preguntó a la denunciante cómo la encontraba, a lo que respondió que mediante el teléfono móvil. Fue entonces cuando le dijo que no lo entendía porque cuando ingresan en un centro de acogida tienen que dejar sin uso ese teléfono para evitar que sean localizadas. Cuestión que no despejó la denunciante, quien también se expresó con soltura y segura en el interrogatorio.

Amenazas. Al inicio de su declaración mediante viodeoconferencia (está en otro centro) sorprendió  al aseverar que hace unos días recibió amenazas del acusado (en prisión) y sus familiares «para que no viniera a declarar. Hizo una llamada al padre de mi hija mayor (tiene otras dos de otra pareja) amenazando para que no declarara hoy (por ayer) en el juicio», afirmó la denunciante, quien también sostuvo que en  junio de 2019 «me dio una paliza que casi me mata».

Tras pasar por varias casas de acogida acabó viviendo en Puertollano con ayuda de la hija del acusado y más tarde en Ciudad Real, donde encontró trabajo en un restaurante. El 28 de septiembre de 2019 acudió a este establecimiento para llevársela, según la denunciante. Le sirvió la comida, se marchó, pero luego regresó para que se fuera con él pese a la orden de alejamiento. Ella entró en pánico, tuvo una crisis de ansiedad y los compañeros del restaurante llamaron a la Policía Nacional. Los agentes acudieron al lugar y le detuvieron tras una persecución en la que se saltó los stop, cedas el paso y semáforos, según mantuvieron los policías ante el Tribunal. El juicio continúa hoy.