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La derecha, a punto de asesinarse a sí misma

Carlos Dávila
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Lo peor de los políticos es su pertinaz empeño en no identificar a sus rivales. ¿A quién hay que derrotar ahora? ¿Vale más la Presidencia del PP de Madrid que la Presidencia del Gobierno?

El líder del Partido Popular, Pablo Casado (d), junto a Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. - Foto: Ballesteros

Creo que cualquier profesor de gramática, por muy concesivo que sea, me arreará un varapalo al leer el incorrecto titular de esta crónica. No importa, corro el riesgo porque no encuentro mejor escenificación lexicográfica para retratar lo que está haciendo ahora mismo la derecha, o si quieren, para ser más amplios, el centro derecha español. Ya tiene experiencia este sector ideológico y político del país en darse patadas en su propio tafanario. Históricamente, asesinó el gran invento de la Unión de Centro Democrático para ceder el Gobierno durante 14 años a los ambiciosos e imparables socialistas. Claro está -debe decirse así- que, en aquella operación destructiva, participamos todos, desde los propios dirigentes del partido, hasta los enemigos de Suárez pasando por banqueros, empresarios y, desde luego, periodistas, los mismos que llevan años glosando los bienes de aquel invento, pero rechazando cualquier responsabilidad en su barrenamiento.

Pues bien, parece que la derecha, el centro derecha, si ustedes lo desean así, ni se sabe la historia ni, por tanto, ha aprendido lo más mínimo de ella. Por un ¡quíteme de ahí esas pajas! y a cuenta de la elección del próximo, o próxima, presidente o presidenta del Partido Popular de Madrid, ha decidido esta derecha, y aquí viene el título ciertamente forzado, asesinarse a sí misma, y hacer perdurable, para casi siempre, la ocupación de la Moncloa por el más ignorante, inútil, mentiroso, enchulecido presidente que nunca haya habido en nuestra democracia. 

El cronista está oyendo, no obstante, en estos últimos días, que la lucha fratricida por ese puesto de dirección regional ha amainado en algunos decibelios. Alguien parece haber dado un virtual puñetazo en la mesa del poder y ha gritado: «Señoras, señores, nos estamos jugando el Gobierno». Hay síntomas débiles de que esto ha sido así y de que, de pronto, los contendientes se han dado una tregua. Está por confirmar que esta permanezca más allá del 4 o 5 de octubre, cuando los vapores del festín de la Convención de Valencia sean ya inaprensibles, porque, que se sepa, las posturas permanezcan enfrentadas. ¿Entre quiénes? ¿Entre la presidenta de la Comunidad de Madrid y el alcalde de la capital? ¡Qué va! La cosa es menos inteligible porque uno de los citados, Almeida, no tenía, ni al parecer tiene, la menor intención de disputar el sillón partidario.

 

Pelea doméstica

En esta pelea doméstica, todos se están dejando pelos en la gatera. No ya los protagonistas, sino todo el electorado de centro derecha expresa que «ya estamos otra vez con que la burra va al trigo», o «cada vez que parece que podemos echar a ese tío indeseable (Pedro Sánchez), nos dedicamos a matarnos entre nosotros» o, incluso, «no tenemos remedio, vamos a perder de nuevo».

Estas gentes de la calle se supone que han hecho llegar sus lamentos a los protagonistas de la refriega, algunos de los cuales ni si quien admiten que lo que está ocurriendo esté ocurriendo de verdad. La redundancia, en este caso, está perfectamente justificada. 

En una tibia conversación con una de las partes, toda su conclusión era la siguiente: «Es que nosotros tenemos razón». O sea, imposible lo estáis dejando para vos y para mí; estamos en el lucha del Price partidista.

Lo peor de los políticos es su pertinaz empeño en no identificar a sus enemigos, o sus rivales. Pero vamos a ver: ¿a quién hay que derrotar ahora? ¿vale más la Presidencia del PP de Madrid que la Presidencia del Gobierno de la n?ación? Pues, en este momento, resulta que la primera es más importante. Suele suceder que estas riñas de supuesta familia empiezan por ser de índole estrictamente profesional y terminan en una declarada antinomia personal. Es decir, en que los rivales no se pueden ni ver. 

Es lo que comienza a otearse si escuchamos con paciencia los juicios de una parte y de la otra. Una dice: «Los que ganamos las elecciones de Madrid fuimos nosotros», la otra replica: «Si no fuera por Casado, Ayuso no estaría donde está». Así, efectivamente, una reyerta casi infantil que, si se tratara de algo así, probablemente terminaría también como con los púberes, en un desahogado: «Ya no te ajunto».

 

Atractivo turístico

Y mientras esto sucede, Sánchez, de viaje en viaje, conociendo el mundo, apropiándose de las vacunas y declarando el pavor de La Palma como atractivo turístico, se asoma al balcón de la Moncloa, se solaza y ordena que todos sus medios se pongan a fotografiar la guerra, con peripecias también absolutamente falsas. Por ejemplo, ésta: «Casado y Ayuso ya no se hablan»; es mentira, pero la infantería compra el producto: «ya ni se dirigen la palabra, han roto relaciones».. 

En la derecha: ¿será imposible tanta estulticia? Recuerden que en mayo de 2023 volveremos a las urnas para elegir ayuntamientos y autonomías, eso si antes -el pronóstico es cada vez menos extraño- alguna región como Andalucía, Castilla y León y hasta la Comunidad Valenciana no toca a rebato y adelanta los comicios. Traigo a esta crónica este recuerdo porque, esas elecciones serán, como siempre en España el embrión, el ensayo general con todo de unas generales para las que Sánchez tiene reservada una fecha: enero de 2004. 

Ya está suficientemente dividido el centro derecha para que, dentro del principal partido en votos y en previsiones, anden con querellas endógenas. Como dice un amigo periodista: «Si son más tontos nacen ovejas». Un ejemplo mal traído porque estos mamíferos siempre viajan agrupados y no le dan bocados al vecino. Quizá el PP debe tomar ejemplo de las tales ovejas. Si hay alguna posibilidad de destronar al causante de todos los males que asuelan España, que la hay, no se puede ofrecer a este nocivo individuo argumentos para vocear en sus televisiones.

Suele decir un presidente regional cercano: «Somos líderes en enfadarnos con nosotros mismos». Finamente dicho, es lo mismo que inscribimos en el titular de esta semana. Con esta coda: quien se la juega en las próximas elecciones no son los actores de esta estúpida bronca doméstica, es nada menos que la supervivencia de España como nación. Así de solemne.