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Editorial

Tiempos duros y Podemos, en sus guerras internas

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, advirtió ayer que se aproximan tiempos duros para España. La invasión rusa tendrá consecuencias en todos los órdenes - político, social, económico y hasta militar- por lo que no es descabellado señalar que el mundo, tal y como se configuró tras la caída del Muro de Berlín, es ya historia, aunque es imposible conocer el alcance de esta transformación dado que el delirio y el fanatismo del presidente Putin pueden agravar la situación hasta circunstancias insospechadas. El bombardeo sobre la mayor central nuclear europea es sólo un ejemplo de hasta dónde puede llevar al mundo la locura de un dictador con armas atómicas.

En este escenario de terror se perfila una fuerte crisis económica y social -la tercera en apenas 15 años- que se muestra ya en un formidable encarecimiento de la energía y las materias primas que contagia al resto del sistema productivo. La inestabilidad en la economía se trasladará pronto a todos los sectores sociales que se verán afectados en términos de pérdida de poder adquisitivo o desempleo. También en este frente, en la retaguardia, todas las instituciones deberán estar a la altura de las circunstancias. 

Pese a la gravedad del momento y a un inédito acuerdo de la inmensa mayoría de los actores políticos europeos -sólo roto por los extremos del arco parlamentario- uno de las formaciones del Gobierno de coalición español, Podemos, ha emprendido una feroz oposición a su propio Ejecutivo calificando a sus socios de «partido de la guerra» y evidenciando sus críticas no sólo a las decisiones del Consejo de Ministros sino a la estrategia unánime de los países occidentales de socorrer con armas a Ucrania. Lo hace, además, pocas horas después de que quien ha liderado esta respuesta, la presidenta de la Comisión Europea, visite España.

La renuncia de los integrantes de Podemos a dimitir de ese 'gobierno de la guerra' acrecienta la hipocresía del discurso fácil del No a la guerra, que encubre a los responsables de un ataque asesino a un país democrático. El presidente del Gobierno deberá evaluar si puede mantener una posición respetable en el entorno europeo con estos socios y actuar en consecuencia.

Podemos ha decidido asumir esta postura sin contar con la vicepresidenta Yolanda Díaz, a la que siguen achicando espacios para construir una alternativa de izquierdas. El ariete de esta estrategia es su antecesor, Pablo Iglesias, quien día sí día también aprovecha su tirón en redes sociales para señalarle el camino y, de paso, atizar el linchamiento contra cualquier periodista que ose cuestionarle. Podemos ha hecho de la demagogia y del juego político cortoplacista un arte que le ha llevado donde está, pero utilizar una catástrofe humanitaria en el corazón de Europa es, sencillamente, indecente.