El amor se cuela en el 'teatro de Pandemia'

M. Sierra
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David Boceta se estrena como director de la Joven Compañía, con un texto que habla del confinamiento a través de los textos de Lope

El amor se cuela en el ‘teatro de Pandemia’ - Foto: Tomás Fernández de Moya

Mascarillas, sillas separadas y como único techo el cielo de Almagro. En esta singular escenografía la compañía Nacional de Teatro Clásico daba a conocer  la función con la que los más jóvenes de la formación nacional levantarán el telón del Teatro Adolfo Marsillach, Hospital de San Juan. Al frente de la propuesta, un joven David Boceta que cambia para la ocasión de rol, como actor de la compañía, y toma la batuta de esta propuesta nacida del confinamiento a partir de varios textos de Lope de Vega. «En otro reino extraño cuenta algo que nos ha sucedido a todos a lo largo del estado de Alarma. Habla de las ausencias que hemos vivido, del anhelo de reencontrarnos con los nuestros, de los amores que se han roto porque no han podido sobrevivir a la distancia». Y lo hace a través de los textos de Lope que hablan de «cómo entendió él el amor, la distancia y el encuentro». 
El resultado de este «viaje de ida y vuelta» que propone Boceta, con dramaturgia de Luis Sorolla, es un espectáculo «muy particular» que «no puede englobarse dentro de ningún género porque no es ni tragedia, ni comedia, ni drama». Para él vendría a ser algo así como «teatro de pandemia».   
Ante todo, En otro reino extraño es  la muestra evidente de cómo el mundo de la cultura y del teatro en especial están siempre dispuestos a reinventarse. El montaje, que se podrá ver desde hoy y hasta el 24 de julio, nace de « un proyecto audiovisual que se realizó con los actores de la última promoción de la Joven Compañía». Como el resto del mundo, la Nacional tuvo que teletrabajar, aunque hablando de teatro eso pueda sonar extraño.  Lo explica Boceta: «Durante cinco semana estuvimos ensayando con los actores de manera telemática a través de distintas plataformas». Una mecánica que por el momento no descartan que pueda volver a repetirse en un mundo todavía pendiente del COVID. «Estamos en un boom de posibilidades teatrales a través de medios digitales, será el tiempo el que nos diga que herramientas han servido y servirán, que fue apropiado, qué puede y qué no puede llamarse teatro». Para él el confinamiento ha generado un estado de confusión, sobre lo que se puede hacer y lo que no, pero también «ha sido el empujón para despertar la creatividad y obligarnos a buscar nuevos caminos que nos permitan mantener el rito teatral aun en situaciones tan duras como las que estamos viviendo».  
Boceta llega al frente de la Joven Compañía Nacional en un año en el que se echa de menos al elenco oficial. Aunque tienen claro que esto no va a ir en detrimento de la calidad -los espectáculos de los últimos años le dan la razón- porque la quinta promoción «está más que preparada» para defender el escenario que se considera la sede veraniega de la CNTC. Lo dice por su técnica, su formación, pero también por la vitalidad y el entusiasmo de estos actores «que es algo que no se aprende pero que sí se tiene cuando estás empezando y luchando por demostrar que eres bueno». Para él, la Joven compañía «no es futuro de nada, es presente de todo». 
En otro reino extraño llega a un Almagro de mascarillas y hidrogeles, «que a pesar de todo sigue teniendo ese encanto que lo hace un lugar único». Ese encanto que le cautivó cuando recién salido de la Escuela de Arte Dramático debutó en el Patio Fúcares, en 2006. Cuatro años después, llegaba al escenario de la  Nacional  con Eduardo Vasco, convertido en Don Juan. Y ahora se estrena como director, soñando con compaginar algún día ambas pasiones.