Manos tendidas por los particulares

Patricia Vera
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La solidaridad ciudadana pasa también por «acuerdos personales» para salir adelante económicamente, como es el caso de Abraham y Felipe con el pago de sus alquileres

Abraham, propietario de la Sombrerería Simón Romero, a quien su arrendador le ha condonado dos meses de alquiler - Foto: Pablo Lorente

La ciudadanía está dando buenas muestras de solidaridad durante la pandemia. La confección altruista de mascarillas y pantallas, la recogida y reparto de comida y otros bienes de primera necesidad, las redes que espontáneamente surgieron para facilitar la vida a los más vulnerables que no podían salir de casa..., son buenos ejemplos de ello. Hay quien también ha entendido que salir adelante es tarea de todos y, con buena disposición, ha buscado fórmulas para flexibilizar los pagos. Así fueron los casos de Abraham y de Felipe, que gracias al buen entendimiento con sus arrendadores están capeando esta crisis con más facilidad.
Abraham tiene una sombrerería en la calle Libertad, 8, de Ciudad Real, que lleva sus apellidos: Simón Romero. «Como todo comerciante pequeño, si ya antes la cosa era complicada, en el momento en el que hubo que cerrar se viene todo encima», recuerda ya otra vez detrás del mostrador tras dos meses con la persiana bajada. La caída a cero de los ingresos pero el mantenimiento de los gastos era ya una realidad, no solo una preocupación. «No pensaba que se fuera a alargar tanto y el negocio podría haber llegado a ser inviable», comenta a La Tribuna. Su arrendador se adelantó a los problemas, contento con su inquilino tras seis años en el local y consciente de la dificultad de alquilar en los tiempos que corren. Por ello, le condonó el alquiler por el tiempo que estuviera cerrado. Un respiro que Abraham acogió con alivio y que se ha sumado a la eliminación de la cuota de la Seguridad Social y el paro de autónomos.
Abraham seguirá vendiendo sombreros gracias a que esta crisis le ha encontrado con el negocio «consolidado», con la inversión ya hecha y con una larga tradición sombrerera en su Huelva natal y clientes ya conocidos en la ciudad que estaban esperando y que volvieron los primeros días.
vivienda. Distinto es el caso de Felipe, que vive desde hace dos años con su novia Fani en un piso que ella tenía alquilado un año atrás. Ambos dedicados a la hostelería y en un ERTE desde el inicio del estado de alarma, han pasado de dos sueldos a uno al 70 % y otro aún sin cobrar por el retraso en los pagos. Han tirado de ahorros pero llegó el momento de aplazar pagos. «Compramos un coche hace un año y hemos tenido que seguir pagando, pero un sofá que acabábamos de comprar nos han permitido pagarlo poco a poco sin problema», comenta Felipe a este periódico. «Tengo un hijo al que le paso 250 euros al mes y eso no lo podía dejar de pagar, mi hijo tiene que comer», explica Felipe, que solo tiene palabras de agradecimiento para su casero, que le ofreció pagar «cuando pudiera».
«Se preocupó mucho por nosotros y pensamos que era mejor llegar a acuerdos personales que andar con burocracia», comenta Felipe sobre la posibilidad de haber perdido la moratoria ofrecida por el Gobierno. «La empresa es seria y somos fijos, están respondiendo hasta ahora, aunque yo todavía no he empezado a trabajar, pero nos podemos considerar afortunados», concluye: «Más vale la palabra de uno, pero luego hay que responder, ¿eh?».