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Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


40 años de Castilla-La Mancha

01/06/2022

Lo cierto es que llegar a los cuarenta, en cualquier ciclo vital, deja ya un primer poso, una parada técnica de balance, un transitar algo más consolidado. Podemos decir que Castilla-La Mancha se ha consolidado como una realidad autonómica en esta España, últimamente tan convulsa, cuyos cimientos se pusieron en la Constitución de 1978. Fue una de las comunidades que se hicieron por agregación, en la que no estaban claros desde un principio cual  serían sus límites precisos ni todas las provincias que la integrarían, hubo discusiones, se debatieron posibilidades varias, y finalmente Castilla-La Mancha resultó de la reunión de  Toledo, Ciudad Real, Guadalajara, Cuenca y Albacete. Cuarenta años después la realidad se ha consolidado como una entidad reconocible y con personalidad propia dentro de España. El rasgo más acusado de su personalidad, lo que ha definido su identidad y posicionamiento, ha sido precisamente su sólido compromiso con el proyecto común español, algo que se ha mantenido con  todos los gobierno autonómicos que ha habido, por eso también es el sello más inconfundible de su personalidad. Castilla-La Mancha ha estado siempre tirando del carro de todos cuando se han agudizado las tendencias disgregadoras.
Desde el punto de vista histórico, Castilla-La Mancha es ese Sur de Castilla que en otros tiempos se denominó Castilla La Nueva (Con Madrid y sin Albacete) a efectos de hacer reconocible esta extensa región central de la península en el entorno más o menos cercano de la capital del país. Este Sur de Castilla tiene algunas grandes comarcas de personalidad pronunciadísima, una de ellas es La Mancha, que se reparte en varias provincias. Tengo que reconocer que siempre me han surgido algunas dudas con la idoneidad de la denominación de la autonomía, eso de unir el nombre de una región histórica como Castilla con el de una de las zonas o grandes comarcas que la integran (igualmente se podría decir Castilla-La Alcarria, por poner solamente un ejemplo), pero vale más la consolidación de una comunidad autónoma, que no lo ha tenido nada fácil, que las discusiones de segundo orden sobre tal o cual denominación. A día de hoy, y eso es lo más importante, Castilla-La Mancha es la gran llanura central de España, y además recepciona el que seguramente es el símbolo más universal e indiscutible de la proyección de España en el exterior, el hidalgo de La Mancha, y es posible que por eso La Mancha tenga el privilegio de colocarse en el frontispicio de la denominación de esta comunidad autónoma castellana, y quizá por ese peculiar transito que supone la identidad manchega entre lo castellano y lo andaluz. Sin embargo, hay que decir que Castilla-La Mancha, lejos de ser una tierra de paso, como pudo ser en otros momentos, es un lugar de parada y fonda, con oportunidades por explotar, con un horizonte prometedor que diseñar.
Las grandes radiales española pasan por Castilla-La Mancha, hay polos de innovación como La Sagra y la zona del Henares que imprimen fuelle creciente a la economía regional, hay una oportunidad única de colocarse a la vanguardia de las energías renovables, a lo que se añade ahora la apuesta por el hidrogeno renovable con el centro de Puertollano. La industria agroalimentaria, especialmente el vino, ha hecho un esfuerzo sobresaliente en los últimos años por la calidad y la exportación. Castilla-La Mancha es una región que se ha ido inventando durante estos  cuarenta años manteniendo, con los gobiernos del PSOE y del PP, unas constantes vitales indiscutibles que finalmente han sido determinantes a la hora de posicionarse en el conjunto de la realidad española como una comunidad no solamente extensa en su territorio sino valorable en su aportación al conjunto, más allá del componente simbólico de El Quijote que, todo hay que decirlo, se sostiene por sí mismo.
Quedan por delante  retos como los de la despoblación, que no se podrá superar sin hacer causa común con las otras regiones españolas aquejadas por la enfermedad, y algo que tendría un efecto sobresaliente sobre la autoestima de Castilla-La Mancha: el fin del trasvase que esquilma los recursos hídricos del río Tajo. El grifo se ha ido abriendo invariablemente durante más de cuarenta años, desde antes de existir las comunidades autónomas. Posiblemente el trasvase nunca se podría haber aprobado en un Estado de autonomías. Ahora sería el tiempo de llegar a su final con un acuerdo de todas las comunidades  que se tienen que repartir el agua que tenemos en España