Entrevista a la directora del Irica, Ester Vázquez

Hilario L. Muñoz
-
Entrevista a la directora del Irica, Ester Vázquez - Foto: Tomás Fernández de Moya

«Hay que hacer labor de divulgación y explicar que aquí se hace investigación y que merece la pena apostar por esa investigación»

Ester Vázquez es la directora del Instituto Regional de Investigación Científica Aplicada (Irica) desde hace año y medio. Una mujer formada por la UCLM que entre doctorado y postdoctorado ha trabajado en Zaragoza, Suecia e Italia hasta regresar a su tierra. En el Irica investiga sobre el grafeno.
¿Cuántas directoras hay en centros de investigación?
No tengo ni idea, porque no me he puesto a mirar cuántas somos ni dónde estamos. No suelo mirar esas cosas. Hace un par de años, por ejemplo, presenté a un profesor como doctor honoris causa de la UCLM e hice yo la laudatio. Después me dijo el secretario general de la Universidad que había sido la primera mujer que lo había hecho, pero yo no lo supe hasta entonces.
¿Qué es el Irica?
Es un centro de investigación de la UCLM que tiene dos características fundamentales que lo hacen grande. Una de ellas es la interdisciplinaridad: tiene grupos de investigación trabajando en distintas áreas, con investigadores en tecnología alimentos, química y física, pero con líneas de investigación con temas comunes. Por ejemplo, hay mucha gente trabajando en nanomateriales desde las áreas de física, química orgánica, inorgánica y analítica. La riqueza del instituto es que podemos trabajar como realmente se debe trabajar en ciencia, abordando la investigación desde distintas áreas para realmente trabajar en resolver problemas que existen hoy en día.
¿Y la segunda?
Que tenemos un servicio de instrumentación abierto a toda la universidad y también a empresas. Es un servicio pionero en la UCLM, con tres técnicos trabajando en distintos equipos. Así se logra que esos equipos, que son muy caros, se puedan utilizar por toda la gente que lo necesite. Estamos evitando que cada grupo se tenga que comprar equipos que luego están infrautilizados y abrimod un servicio a toda la universidad y al resto de la sociedad.
¿Cuántos investigadores son?
El Irica se divide entre profesores, que son investigadores asociados y que imparten clases en los grados de la Facultad de Químicas u otras facultades; y personal investigador como doctorandos, postdoctorandos… En total debemos estar en torno a unos 50 profesores que tienen plaza y son investigadores asociados al Instituto y otros 50 estudiantes o investigadores con becas, aunque este número fluctúa bastante.
¿Afecta la crisis al Irica?
La financiación como tal del instituto ha sido pequeña pero lo que es cierto es que, por ejemplo, como tenemos servicio de instrumentación, se puede facturar a gente de fuera y con eso hemos estado manteniendo equipos en estas épocas de crisis en las que la UCLM tenía menos dinero para equipos o para investigación.
¿Cómo un centro con tan poca financiación logra un gran proyecto como el de la Flagship del grafeno?
Trabajando mucho y colaborando con mucha gente. Por ejemplo, hemos conseguido este proyecto porque teníamos colaboraciones con investigadores en Italia o Francia. Te conocen, haces una investigación que va gustando y esto hace que llegue dinero a la universidad.
¿Qué han supuesto cinco años de investigación en grafeno?
La verdad es que el proyecto es impresionante porque son más de 150 grupos de toda Europa trabajando en distintas aplicaciones del grafeno, eso quiere decir que hay distintos paquetes de trabajo y grupos asociados por líneas de investigación que trabajan juntos. Nosotros estamos en la línea de toxicología. Estudiamos si el grafeno es o no tóxico cuando interacciona con los sistemas vivos o si puede producir alguna contaminación en el medio ambiente. Eso se asocia también a posibles aplicaciones biológicas. Para nosotros ha supuesto conocer mucho más sobre otras aplicaciones distintas, por ejemplo, en el grafeno se trabaja en electrónica flexible, en nuevos materiales y hemos podido colaborar, por ejemplo, con el grupo Antolín, preparando sistemas para interiores de coches, tejidos que puedan ser bactericidas o sistemas en los que puedan trabajar ingenieros para refuerzo de materiales. El proyecto nos ha dado una ventana enorme para conocer muchas más cosas y para colaborar con mucha más gente. La Flagship del grafeno intenta sacar el grafeno de los laboratorios y llevarlo a aplicaciones.
¿Esto implica que la UCLM va a ser un centro de patentes de grafeno?
No, no es fácil desde nuestra parte. Hay que tener en cuenta que trabajamos en la parte bio y es la que va más lenta. Cuando quieres hacer estudios de toxicología no es que estudies solo si las células se mueren o no, hay que estudiar cambios metabólicos, cómo evolucionan en el tiempo, la acción en distintos tejidos… Son estudios mucho más largos. Luego una aplicación en bio debe tener un estudio ‘in vitro’, después en vivo... De todos modos, hemos sacado una patente de preparación, de cómo exfoliamos el grafito de partida para preparar grafeno, pero las aplicaciones llevan tiempo.
Dentro del instituto hay una pequeña joya: el HRSEM. ¿Qué es?
Es un microscopio de barrido de alta resolución que nos concedieron en un proyecto Feder. Tuvimos la suerte de que conseguimos el suficiente dinero como para comprar un microscopio muy bueno y podemos llegar a una resolución de 0,6 nanómetros. Eestamos casi en las resoluciones de un TEM, un microscopio de transmisión electrónica, con lo cual es muy útil para todas las áreas que estamos trabajando: por ejemplo, para los físicos que hacen nanopartículas magnéticas; o nosotros con el grafeno. También tenemos un Crio-SEM con el que podemos hacer estudios de bacterias o microorganismos, que utiliza la gente de tecnología de alimentos. Fue apoyado por muchos grupos de dentro y de fuera del instituto.
Aparte, ¿qué se investiga?
Hay distintas unidades como la de materiales, que es en la que trabajamos con nanomateriales de carbono junto con los físicos que trabajan en nanopartículas magnéticas con distintas aplicaciones, por ejemplo en almacenamiento en discos duros, o en biomedicina en el transporte de fármacos o tratamientos contra el cáncer. Estas últimas aplicaciones biomédicas se afrontan también desde la unidad de química sostenible por grupos químicos inorgánicos y orgánicos, donde se trabaja en guías de onda o en catálisis, con sistemas que utilizan el CO2 como producto de partida para preparar materiales de uso industrial. Tenemos, además, la unidad de analítica que trabaja en nanomateriales, detectando, por ejemplo, nanopartículas en alimentos como donuts. Finalmente, tenemos la gran unidad de tecnología alimentos en la cual se trabaja en los productos típicos de la región: vinos, aceites, carnes de caza o productos lácticos, como el queso.
¿Cómo se encajan estas piezas dentro del Instituto?
Queremos encajar todas las piezas en proyectos que sean multidisciplinares, en los que podamos colaborar porque estamos relacionados. Si los analíticos detectan nanopartículas en alimentos y hay una unidad que se dedica a la química de alimentos o los físicos son capaces de preparar esas nanopartículas, estamos todos relacionados y podríamos trabajar juntos. Esta es la grandeza de este Instituto: la multidisciplinaridad y la gran posibilidad que tiene de expansión porque podemos diseñar investigación conjunta.
Este centro analiza aspectos claves de la región, pero es poco conocido, ¿no cree?
Es cierto que hay que trabajar más en la divulgación y por eso hace unos días tuvimos una jornada de puertas abiertas con niños, para que cuenten en sus familias, en sus casas, que aquí hay gente investigando. También es cierto que la gente tiene que saber lo que se hace con su dinero, porque realmente la financiación que tenemos es pública y es nuestro deber es devolver a la sociedad lo que te está dando. Hay que hacer labor de divulgación y explicar que aquí se hace investigación y que merece la pena apostar por esa investigación. Muchas veces le echamos la culpa a los políticos pero ellos hacen lo que demanda la sociedad, si la gente no ve una necesidad en apostar por la investigación tampoco se apuesta. La sociedad tiene que ver que aportar dinero en la investigación es meter dinero en el futuro.
¿Se ve mejor el futuro con un presupuesto expansivo en la UCLM?
En mi grupo hemos tenido la suerte de tener financiación europea pero es cierto que hay muchos grupos que tenían financiación gracias a la universidad o a proyectos de la Junta. Ha habido grupos pequeños que lo han pasado mal. Así que vemos bien que la apuesta por la investigación en la Universidad se siga ampliando y que ahora hayan salido 55 becas para realizar tesis doctorales con cuatro años de investigación, financiada por la UCLM. Si eso no ocurre solo ahora sino que hay una financiación sostenible en el tiempo, las cosas serán más fáciles.
¿Cómo se convence a una mujer para investigar en ciencias?
No estoy conforme con ese argumento de convencer. Yo desde pequeñita quería ser química y tenía claro que quería investigar. Tengo hijas que son de ciencias y tengo amigos que tienen hijas de ciencias e hijos de letras. Las capacidades las tenemos cada uno, pero hay que fomentarlas. Está superado lo de que las chicas hacen letras y los chicos ciencias y en esta Universidad hay más chicas que chicos estudiando químicas. Lo que pasa es que la carrera de ciencias implica ciertas cosas que todavía son más difíciles cuando eres mujer que cuando eres hombre. El otro día me acordaba de un vídeo en el que había un hombre y una mujer corriendo, al hombre le van limpiando el sudor y a la mujer le van poniendo obstáculos: comida que tiene que llevar a casa, un bebé con el que tiene que seguir corriendo… Todavía ese peso de las cosas de la casa sigue recayendo en la mujer o, por lo menos, sigue existiendo esa idea de que si una mujer no está en casa por motivos de trabajo, es mala madre y sin embargo el hombre no es mal padre. Hay que trabajar más en este sentido, en lo social, en que un hombre y una mujer puedan dedicarse a lo mismo.