10 días de homenaje y luto: En memoria de Paco López

Eduardo Gómez
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Paco López falleció a los 66 años y su bondad y carácter han dejado huella

10 días de homenaje y luto por los 1.103 muertos

Paco era mi hermano, mi amigo, mi confidente. Lo echo mucho de menos, era todo para mí». Con estas palabras resume Eugenio López su sentimiento ante la pérdida de su hermano Paco, fallecido por coronavirus a los 66 años en los últimos minutos del 24 de marzo.
Después de toda una vida juntos, queda «un vacío muy grande» del que intenta reponerse más de dos meses después, en los que la familia no ha parado de recibir mensajes de ánimo y cariño, recordando a una persona que «era todo corazón. Se relacionaba con todos, todo el mundo le conocía y para nosotros es un orgullo que se hable así de él», confiesa su hermano, que no puede evitar derramar alguna lágrima, entre el orgullo por todo lo que hizo Paco en su vida y la tremenda pena que ha supuesto su pérdida.
Paco López estaba casado con Mari Cruz y tenía dos hijas, Almudena y Anabel. Desde hace dos años se desvivía por su nieto Diego, al que paseaba con orgullo por Socuéllamos cuando acudía a visitarle.
Paco y Eugenio eran inseparables. Con una extensa trayectoria en Radio Nacional de España, cuando esta emisora cerró en Socuéllamos se trasladaron juntos a Ciudad Real, destino que eligieron para continuar su vida laboral y donde permanecieron siempre muy ligados al deporte, su auténtica pasión, incluso cuando el ERE masivo que planteó Radio Televisión Española les llevó a la jubilación de forma anticipada.
Paco era mucho más que un directivo de la Unión Deportiva Socuéllamos y desde hace un tiempo también colaboraba con el Club Voleibol Kiele Socuéllamos. «No sabía decir que no y ayudaba a todo el mundo que podía», resume su hermano, también directivo del club de fútbol.
«Él iba a buscar a los jugadores, les traía y llevaba en coche, se preocupaba de que no faltase nada en los entrenamientos… Desde que se levantaba ya estaba pensando en el deporte y desde el conserje de la instalación hasta el último empleado y toda la plantilla le querían muchísimo», repasa.
Disfrutó como nadie de la explosión del fútbol en Socuéllamos, que con el ascenso del equipo a Segunda División B se convirtió en un auténtico fenómeno social en la localidad, pasando en poco tiempo de apenas 300 espectadores en categoría regional a cerca de 2.000, recibiendo en el Paquito Giménez, por ejemplo, a Zinedine Zidane como entrenador del Real Madrid Castilla. «No se perdía un partido y todos los jugadores querían que viajase siempre en el autobús», recuerda su hermano Eugenio, sobre aquellos interminables viajes al País Vasco. Seguramente, su buen humor y su carácter bromista tuviesen buena culpa de ello.
«Nunca paró de trabajar por el deporte y espero que desde el cielo vea que la Unión Deportiva Socuéllamos regresa a Segunda B», desea su hermano, que guarda en su memoria un sinfín de anécdotas de sus ‘piques’ en las ‘pachangas’ de fútbol sala o de cómo sacó a relucir su carácter más extrovertido en el programa de televisión ‘El Chiringuito’.
Todo cambió en sus vidas cuando comenzó a sentir una fiebre que no remitía con el paso de los días. Del Centro de Salud de Socuéllamos fue trasladado al Hospital de Tomelloso. Era el viernes 20 de marzo. «Él no quería ir allí, decía que le estaban llevando al matadero. No quiero ni pensar lo mal que lo tuvo que pasar esos días y esas horas solo, sin que su familia pudiésemos estar junto a él. En otras condiciones, si hubieran podido entubarle, estar en una UCI… Pero no fue así», expresa con amargura Eugenio. «Para todos ha sido muy duro y el mundo se me viene abajo cada vez que le recuerdo. No haber podido dar siquiera un abrazo a mi cuñada o a mis sobrinas, tener que despedirnos de Paco en un tanatorio vigilado... Es la despedida más triste que te puedes imaginar».
Más de dos meses después, el pensamiento de que a Paco, desde el cielo, le gustaría verles a todos contentos y rehaciendo su vida les lleva a continuar y de, alguna forma, a intentar seguir con un legado que dejó huella allá por donde él pisó.