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Barón llena de miradas el López Villaseñor

D. A. F.
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El artista ciudadreleño regresa a su ciudad natal para mostrar una amplia y trabajada colección de sus abigarradas imágenes con cientos de personajes que miran al espectador

Visitantes de la exposición durante su recorrido por las salas del Museo López Villaseñor. - Foto: Tomás Fernández de Moya

Joaquín Barón pinta cuadros llenos de personajes, pueden ser cientos en cada lienzo, con rasgos que en ocasiones recuerdan el arte tribal africano o las representaciones de los relieves mayas o aztecas. La paradoja es que a pesar de esta acumulación de figuras, que en su mayoría miran directamente al espectador, muy rara vez actúan entre ellas, lo que puede provocar una sensación de soledad en medio de la multitud. La mejor ocasión de comprobar este rasgo es la exposición que actualmente alberga el Museo López Villaseñor en sus salas de exposiciones temporales (hasta el 23 de octubre).

El artista recoge el comentario sobre sus obras e ironiza al momento sobre ello: «Porque paran para posar, si siguieran con las cosas que hacen habitualmente no los podría pintar».

Sus característicos personajes son también el motivo de varias esculturas, repartidas por distintos puntos de las tres salas en las que Barón despliega su exposición.

Visitantes de la exposición durante su recorrido por las salas del Museo López Villaseñor.Visitantes de la exposición durante su recorrido por las salas del Museo López Villaseñor. - Foto: Tomás Fernández de MoyaEl artista plástico confiesa que su forma de trabajar tiene siempre en cuenta el espacio expositivo, que en el caso del Museo López Villaseñor tiene ya muy conocido. «Siempre elaboro un argumento, como un camino, que va desde la primera sala hasta la última».

La selección realizada para su ciudad natal parte de «cuadros emblemáticos de las últimas exposiciones» que ha dispuesto con alguna pieza de grandes dimensiones, como eje de cada sala con la que se relacionan todas las que están a su alrededor.

El conjunto está formado por obras con hasta diez años de antigüedad, aunque la mayor parte se remontan a «hace cuatro cinco años y en la pandemia fui muy productivo», apunta, por lo que también hay una presencia notoria de piezas de hace dos o tres años, «y las últimas son de hace sólo un mes».

El artista manchego afincado en Madrid explica que ha buscado una diferenciación formal entre las tres salas: «Una muy colorista, otra más monocromática y la tercera ya mezclando con tierras, con elementos que no son parte de la pintura clásica», lo que al final crea sensaciones de mucha fuerza y vivacidad.